Versos en castellano
*****

 

 

DIMES Y DIRETES

 

 

de

 

 

José María Torres Morenilla

 

 

A mi amigo José Miguel de Mena Calles

 

 

 

  •      

     

     

     

     

    I

     

    Daos cita mentirosillo

    que en este mundo traidor

    el que gana es mejor;

    al contrario que en amor

    do el pícaro sabidillo

    se hace siempre el perdedor

     

     

    II

     

    Por una mala ventura

    cierto día oposité

    al ministerio de Gracia

    y desde ese día quedé

    con una cara muy dura

    y una Justicia muy lacia.

     

     

    III

     

    Al pan pan y al vino agua,

    que es de sabios no saber,

    razonar mucho es de locos,

    de estar desnuda en enagua,

    del lento tiempo el correr,

    como lo mucho es de pocos.

     

     

    IV

     

    Vestidos están de lázaro espulones,

    de muchas mijadillas alimentados

    y el Imperio actual así ha crecido;

    que el pícaro sabedor de antiguos sones,

    cántalos muy seguro y ya ganados

    donde el amor sufrió, él perecido.

     

     

    V

     

    Qué buenos devienen malos

    cuando encerrados entre rejas

    de muy razonadas quejas

    protestan los duros palos.

     

    Mas esas fueron razones

    nunca por ellos oídas

    cuando quebrantaron vidas

    por muy mezquinas pasiones.

     

     

    VI

     

    Vida, en ti el ingenio y la fortuna crecen

    en muy distantes sitios:

    donde manó fortuna secó sabiduría.

    mas en los frescos versos corren frescos los ripios

    y juntos luego perecen

    en el ancho y oscuro mar de palabrería.

     

     

    VII

     

    Reuniéronse por miles pensadores

    y ante un verde césped asistieron

    al inmarcesible arte del meneo

    de una pelota entre veinte jugadores.

    Pasada entre dos palos, con gran jaleo,

    de esa maravilla, enloquecieron.

     

     

    VIII

     

    Busca el hombre la idea de cada cosa habida

    y nunca atrapa

    la más mínima razón llamada hombre.

    No es tan fugaz la luz que nos asombre

    de la común razón llamada vida,

    si en la partida de ese entorno escapa,

    pues sombra es, sombra del hombre.

     

     

    IX

     

    Quizá creas por red más dolorosa aquella

    que para otros con mucho ardid urdimos

    y en la que al fin por nuestro pie caemos.

    Mas esta red somos nosotros y así nos conocimos

    nunca será la más temible ella

    sino la que al buen amigo hacemos.

     

     

    X

     

    Donde el bueno dijo DIGO

    El malo puso HECHO.

     

     

    XI

     

    Atento el saqueador, con gran fiereza,

    revolverá tu hacienda en grande agravio,

    que es de esta locura el hombre sabio

    y muy trabajador lo hizo su pereza.

     

     

    XII

     

    Regresaron por miles agitadores

    y ante el verde césped asistieron

    al inmarcesible arte del meneo

    de una pelota entre veinte jugadores.

    Esta vez no pasó, cesó el jaleo,

    y aquellos vinieron luego en pensadores.

     

     

    XIII

     

    Consuelan a tu enemigo tus tristezas

    cristal también parece el falso llanto

    donde corre tu lágrima insentida.

    así te vea el de miradas aviesas

    y entienda por tu mal lo que es un canto

    con que pagaste por salvar tu vida.

     

     

    XIV

     

    Decirnos sois libres en estos días,

    aún nos suena a nuevo, aún desata

    la íntima verdad de que pendemos.

    Tantos temores viejos, tantas las vías

    del oscuro miedo al que el poder acata,

    que libres, lo que se dice libres, nunca seremos.

     

     

    XV

     

    Donde el malo dio razones

    nunca hubo soluciones.

     

     

    XVI

     

    A un claro, verde, del bosque

    yo fui feliz con mi amor.

    allí corrieron las fuentes,

    corrido cantó el ruiseñor,

    corrieron las altas nubes,

    corrió el más claro Sol,

    los vientos corrieron frescos,

    pero el más corrido fui yo.

     

     

    XVII

     

    Apenas si presentidas

    crecen las flores sencillas

    por la sierra de Madrid.

    ¡Venid muchachas, venid!

    Quedaos alegres, perdidas,

    llenando de maravillas

    a la Sierra de Madrid.

     

     

    XVIII

     

    A veces un burro, de los que no quedan, queda...

    muy quieto,

    alzado, atento, espera...

    ¿Qué esperarán los burros en estos versos?.

    Nunca después pasó nada,

    enteramente,

    vuelve de nuevo a su yerba,

    burro y contento.

     

     

    XIX

     

    Bajaba melancolía

    por la sierra de Madrid.

    Como goticas de anís

    resbalaba espesas nieblas

    que despacito caían

    en lo ido y por venir.

     

    En esto que un pastorcillo,

    de los que en los cuentos andan,

    viola llegar así,

    alegre le quitó los velos

    y la besó en todos ellos

    y la hizo sonreír.

     

    Después salió el sol,

    como es costumbre,

    cuando tuvo que salir,

    como generosa lumbre

    que empina las altas cumbres

    y las hace relucir,

    a modo del pastorcillo

    de la Sierra de Madrid.

     

     

    XX

     

    Donde el bueno ha razones

    Puso el malo soluciones.

     

     

    XXI

     

    Vigilad por estrecho y mucha cuita,

    no os suceda aquello del timo y sus timadores,

    que el primero que engañó,

    engañado acabó por tontorrones.

     

    Como en la línea más recta

    ruedan las bolas sus curvas,

    la mirada del bobo es aviesa

    y es muy boba la de astucia.

     

     

    XXII

     

    Fueron los hombres todos

    excelentes profesores:

    de los buenos estudiamos

    con alegría sus lecciones,

    de los malos aprendimos

    con sus palos y sus dolores.

     

     

    XXIII

     

    Siempre salvó justicia al justo,

    como injusticia condena

    a justos e injustos atados

    a una misma cadena.

     

     

    XXIV

     

    Inés te mira a los ojos

    y su mirada te sale,

    sale, sale.

     

    Es un principio de óptica:

    donde el rayo no entra

    sale, sale.

     

    Y aunque cierre sus ojazos

    solo con estarte cerca

    sale, sale.

     

    Esto último no es tal ciencia:

    Por donde dice que entra

    sale, sale.

     

     

    XXV

     

    No es ruidosa la prudencia

    ni tampoco es de estos tiempos

    cuando lo fugaz es ciencia

    y todos los sabios lentos

     

     

    XXVI

     

    Dan los bobos

    muchas razones al malo

    como al bueno

    muchas razones le dieron.

    Pero son bobos, seguro,

    que siendo distintos dos

    las mismas razones fueron.

     

     

    XXVII

     

    Yo he visto trabajar con las orejas

    a quien sus manos muy ociosas quiso.

    Yo he dicho que lo he visto y no lo he viso

    que siempre fue dolor menor que quejas.

     

     

    XXVIII

     

    Atentos, seguís, es generoso el fruto

    que por regalo ofrece el más avaro,

    el don gratuito suele salir caro,

    y perdedor se hace el más astuto.

     

     

    XXIX

     

    Qué larga, qué larga fue

    la falda de mi Inés.

     

    Cómo la podría meter

    de la cintura a los pies,

     

    al derecho y al revés

    con sus plises y sus bies.

     

    Qué larga, qué larga fue

    la falda de mi Inés.

     

     

    XXX

     

    De la nada sacó Dios al mundo todo,

    de ese mundo sacó el hombre a su dinero,

    si gratuito fue el mundo a lo primero

    devolviolo el hombre a nada de ese modo.

     

     

    XXXI

     

    Donde natura puso con más ardor el gusto

    metió la muerte fría un grande susto.

    Juntas las dos cosas tan por estrecho fueron

    que nunca por separado se comprendieron.

    Así, donde con más dolor virtud ha penado

    con más ruidosos gritos rió pecado.

    De esta guisa,

    lágrimas lloramos todos llenos de risa.

     

    ©José María Torres Morenilla- Madrid 6-12-1988

     

     

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