LOS POEMAS DEL SER

(  2008 - 2021)

 

 

 

 

de

 

 

 

 

José María Torres Morenilla
 

 

 

 

 

Todo acto del hombre, incluso mi poesía, es un acto gregario.

 

 

 

Nunca te hice un poema

Escribo en el contramuro, el contrafuerte, la tinta indeleble,

el hombre transparente, tin-tin y la nada, corriendo más que yo,

escribo para leerte, para saber de ti,

para seguir huyendo, escribo por huir,

desde lo más remoto mi alma se complica e implica

en lo que siente rotura del cristal que la protege, excelso,

y por esta herida fluye sin cesar, corriendo, corriendo

como un río, a galope, cuesta abajo, a la aventura.

Nunca te escribo a ti, escribo para seguir viviendo,

por seguir...

 

 

La vida siempre estuvo cerca

Mi vida es un reproche,

hay veces que miro atrás y estoy de cuerpo presente,

un río de amor ha discurrido sin que yo lo sienta,

llamé amor a mi asesino y hermano a mi devorador,

he sido para mí plenamente el peor impostor.

Me llora el alma del gran hombre oculto y acabado,

la buena prosa hablada con que se escribe el amor.

He dejado pasar a muchas muchachas para mí pintadas,

sin volver la cabeza, ni seguir sus sombras.

Nítidamente entiendo que he perdido el tiempo,

la verdadera poesía es algo que ocurre raramente.

 

 

Nocturno con una sola mano

La luna pasea desnuda por el cristal del espejo,

qué fría la luna me toca cuando le roza mi cuerpo

y se empaña al instante como nube en mi mejilla;

la luna fría resbala en mis dedos que la palpan,

dureza de su cristal donde dibuja una cama

que me dejaste al huir, caliente aún con tu cuerpo,

¡ ay luna, qué frío es tu rostro para mi rostro encendido!

y tu boca es de cristal, pero tu beso es de ausencia.

 

 

El librillo azul

Pintaste mi cuaderno y estaba oscuro,

una mancha azul sobre el hule azul,

un librillo manoseado con muchas palabras escritas,

sus cantos rosas, como mejillas de mujeres,

sus hojas, los labios besados que de amor palidecen,

sus sombras, eran manos que destruyen la poesía,

 sobre una mesa vulgar, casi siempre en la cocina,

devocionario de un cura que ha perdido su fe,

su fe en la madera, entre policromos rotos.

 

 

El lector de la noche

En esta hora de la noche no suena nada,

leo tus versos y derraman su cristal insonoro,

tus palabras que fluyen como arroyo armonioso

que me hablan seguras entre húmedos surcos,

su armonía tiene el brillo de los oscuros fulgores;

en la noche el poema nunca saca de dudas,

ni resuelve el problema del diario vivir,

solamente acompaña como estrella lejana

que se acerca al instante en la hora tranquila

y discurre tan plácido, al albur de sus formas;

lo recoge la noche, me lo devuelve intacto,

nunca perece el tiempo en las horas dormidas

ni la palabra grita para sobrevivir.

 

 

Han cerrado tu casa

 

me han puesto una muralla de silencio,

un muro de silencio que se escucha aterrador,

unas calles vacías donde ya no bajan pájaros,

unas plazas abiertas que escapan hacia el cielo,

 

me han cerrado tu alma

 

ya solo puedo verte en tu ventana lúcida

cuando llega la noche y escucho tus latidos

tus latidos laten en mí y me dan la fuerza

una fuerza poderosa escapa a todas las horas

 

me han cerrado tu cara

 

te recuerdo en la foto parada con mis manos

en la ventana abierta donde solo baja el sol

en el ruido del agua cuando abro los grifos

en el agua transparente bajando por mis manos

 

me han cerrado tu boca

 

yo solo puedo oírme andando solitario

voy de balcón en balcón de terraza en terraza

tratando de encontrarte apretada en mis muslos

cuando serenamente recordar es placer

 

me han cerrado tus ojos

 

y ya no puedo verme en el fondo de un beso

ni puedo escucharme en tu respiración,

tampoco salto alegre al compás de tus senos

ni en tu vientre descubro el rostro de mi vida

 

me han cerrado tu templo

 

y nunca te visito, ni te adoro, ni emplazo,

estamos olvidados como pinturas muertas

que yacen acumuladas en sótanos umbríos

nadie puede vernos, ni oírnos, ni callarnos

 

me han cerrado tus alas

 

y unas viejas persianas te ocultan pobremente

solo me quedan versos y los versos se mueren

cuando ya no pueden verte, ni besarte, ni amarte,

solo calles solitarias prohibidas para mí.

 

 

Poema épico a una Patria hundida

Dime Patria, hija del Sol, que has nacido mucho antes que yo

y que te mueres y desangras a pedazos, dejándonos heridos,

por qué te callas ahora lo que gritaste ayer

y no te levantas con la furia prestada del estigma,

 las rojas vestiduras de la mujer libertadora

llevando la bandera airada en libertad,

flamea con tu ira y derrama tu coraje,

muéstranos tus senos, oh tú Patria fecunda,

y no permitas al bufón se una al miserable

y juntos borren las huellas de tu preclara Historia,

llena con los versos que auténticos poetas por ti nos consolaron,

e impreca la impaciencia, derrama hostil tu espíritu al alma adocenada,

 quiebra nuestros muros con tu herida fecunda de la que nacen hijos,

oh tú Patria, soy ya viejo y te recuerdo niña, jugando con los rayos

de un Sol de plenitud, hija del Sol, tu auténtica grandeza.

 

 

Los nuevos

Están sin llamar, están sin ser,

son muchos, son todos, es la virtud,

poderosos y ruidosos, aunque benévolos,

un ejército se ha levantado sin ser convocado,

estaban en nuestros genes y salieron silenciosos,

subieron sobre nuestros hombros

 nos traen la nueva virtud del cuerpo poderoso,

 la complacencia del alma sin recovecos,

la inmortalidad soñada que es un presente único,

nos acompañan como los dioses nos habitaban,

beben nuestro aire y auxilian nuestros sueños,

son los ángeles renovadores de la nueva patria,

llenan nuestras calles, el mundo ruborizan.

 

 

La mirada más pura

Perdóname agua por no haberte dejado brincar contra las rocas,

perdóname rayo por no entender tu lenguaje sublime entre las nubes,

perdóname noche por no saber sacar tus secretos brillantes,

y tú, fragante mar, abierto como la gran flor esculpida, perdóname también,

pues sois lenguaje sublime y nunca os entendí,

los hombres desgraciadamente duramos muy poco

y nos cuesta aprender las cosas sutiles y sencillas de la naturaleza

nos vamos sin saber nunca qué cosa es auténtica pureza

y todas las cosas repiten y una mil veces qué es pureza...

 

 

El viviente

El camino anda con mis pasos, el paisaje se mueve conmigo,

el universo estrellado gira macroscópicamente con mis ojos,

sostengo las sagradas columnas de la creación en mi mente,

los ríos se me humillan a los pies frescamente

me lisonjean con besitos grises vestidos de la luz,

mis pasos son agasajados por el polvo del camino,

el universo, con todo su enorme peso, dentro de mí es liviano,

todo cabe en mí, el infinito incluso, pues yo soy el que vive.

 

 

El jardín

Me espera mi jardín sembrado de mis sueños,

un arbolito tiembla en medio de los bosques,

los bosques poderosos están todos cubiertos,

la maleza se oprime y estruja sus ladrillos,

bajos las hojas muertas el escarabajo escarba,

todo está en silencio en medio del jardín,

una oruga se siembra y se esconde en el lodo,

canta el grillo grato como cincel escondido,

en medio de los bosques el agua se amansara,

las hormigas se van cada cual a su aventura

y la hermosa lagartija luce su cola verde,

la vid que se solaza viste roncos zarcillos,

el abedul se enhebra y la acacia se expande

abre sus brazos verdes como fuegos artificiales,

 las dulces celestinas se hacen las remolonas,

qué placido el aligustre comparte sus racismos

y la palmera cierra sus persianas de espinas,

en medio de los bosques el arbolillo sueña

 los bosques son oscuros y todos tenebrosos,

mi jardín al contrario siempre es apacible

sufre la herida ávida de la luz contemplada,

 los perfumes me llegan a bocanadas tibias,

cualquiera de mis plantas me regala sus flores

y sus olores muestran a qué saben sus bocas,

los caracoles suben sobre la higuera áspera

y con dientes de sierra mondan sus tallos negros,

también las campanillas llegadas desde fuera

a veces en el jardín lo llenan de matojos,

  las margaritas caen como bosques minúsculos,

el verdadero bosque es una ciudad repleta,

temible en su interior y llena de avaricia.

 

 

Demasiado tarde para ser tan pronto

He dejado al muchacho de los vaqueros azules escriba mis poemas,

los muchachos son muy buenos poetas aunque no lo reconocen,

una nube cristalina los mira de frente todos los días y da brillo a su ojos,

son tímidos y rebeldes, humildes y ocupados, ayer mismo eran niños,

la juventud que es rama poderosa, entró en sus cuerpos y los ocupa alegre,

van de prisa siempre y dejan atrás los humos de las grandes ciudades,

llenan plazas y barrios y sitios candescentes bajo el rojo sol de la fuerza

y en los rellanos beben, beben feroces, los líquidos plácidos fermentados,

todos quieren besar a un tiempo y sobre las aceras grises forman sus grupos,

he dejado al muchacho de los vaqueros azules escriba mis poemas

me hacía falta cambiar, tener nuevas palabras, las palabras atan

y solo los muchachos saben desatarlas con sus lenguas brillantes,

con sus manos esculpen senos maravillosos besados ávidamente

y son tan poetas que ni un polvo sacan a los caminos secos y viejos,

gratitud, el joven recorrido por la ciudad dormida y el silencio de su humildad.

 

 

Las ilusiones perdidas

A quienes lloraron sin tener que llorar

a los que levantaron y hundieron sin ningún motivo

a todos cuantos han padecido

ese dolor insoportable de la humanidad,

a los que, pocos, honraron y luego los deshonraron

a los que luego dejaron perdidos en la oscuridad,

a los pobres que habitaron la tierra desde las puertas,

a los que vistieron viejos y alimentaron mal,

a los niños que heredaron la ruina de la tierra,

a los que huyeron del mundo y el mundo los encontrará,

a los que habitan el desierto poblado por los fantasmas,

aquellos que se ilusionaban y quebrantaron fatal,

en fin a mis compañeros, del alma y del sonido,

amigos hombres, amigos, ya sabéis lo que es llorar.

 

 

El Concierto en Palacio

Yo convoco a los músculos cansados,

a los generosos brazos que perdieron su vigor,

a los patios redondos que bullen como esferas,

a las sombras cerradas que miran al exterior,

desde el corazón arrancado con fuerza a la piedra

al ámbito seguro del imperioso cetro,

vosotros, los que os unís en amorosa música

sublime y generosa, que se exalta y se achica,

vestidos con los áureos uniformes del tiempo,

temblad, como los ecos que cuchichean en rincones

y sonoros os acercan las preguntas del hombre,

oíd cómo se sufre viviendo en la belleza,

que los sueños crecen en los malos tiempos,

entre fronteras ahítas de imperios sobre imperios;

desde fuera, el ciprés se inclina ceremonioso

y os contempla sublime su eternidad viviente,

los coros de los bosques, la veterana agua

os cercan y os musitan las voces de los hombres

encerrados en el círculo fatal de la desdicha,

en tiempos generosos de todas las malas cosas,

para ellos bien vale que os vistáis solemnes,

 

¡ y suene la algarabía de la música, debajo de las estrellas...!

 

 

Como galopa el mar

Como galopa en el mar el corazón que es alegre

como galopa en la luz el rostro que la luz mira

como galopa en la playa la ola que se aniquila

como el polvo que se eleva al viento donde se mece

como las espumas que suenan y el olor a mar que tienen

como el ruido de gaviotas mareteándose arriba

como la paz que nos llega del silencio cuando vibra

como la sangre que vuela en el cuerpo y lo estremece

así me vengo a mi mar sin salir de mi camisa

a galopar con la sangre en la divina poesía

a descargarme de años y todas mis calamidades

a soñar que estoy volando desde todas mis edades,

a soto viento y marea, como galopa la brisa.

 

 

La voluntad de amarte

Si notas en la nostalgia que te falta mi muerte,

si aún guardas para mí un hermoso saludo,

yo volveré hacia ti si conservo la suerte

de seguir tu llamada bajo invisible escudo;

 

no dudes en nombrarme y de seguir pidiendo

que acuda para ti con mi enamorado aliento,

yo seré esa cosa que te ama sintiendo

deseos de unirse a ti como hoja del viento:

 

no soy más que amor, y amo tu nombre,

en la perdida senda de las cosas del mundo,

soy la serena verdad, el amor profundo,

la ardiente voluntad de ser solo tu hombre.

 

Llámame cuando las fuerzas me abandonen del todo,

renaceré de nuevo para amarte solamente,

 volveré a llenar tu soledad, pero a mi modo,

 con mi apostura y mi alma, mi soledad y mi mente.

 

 

Amor concatenado

Estoy en ti cada segundo,

cada segundo, sereno, estoy contigo,

estoy contigo llenando a este mundo,

este mundo contigo lo consigo.

Te quiero tanto que nada me separa,

no me separa el tiempo o la distancia,

me distancio de ti y estás como más clara,

la claridad de tu alma es mi abundancia.

Te quiero mía y más que mía te quiero,

te quiero en locura y a mi modo,

no hay modo de dejarte si me muero,

yo muero de tu amor que lo es todo.

 

 

Los besos

Al caer de los ruidos y de la tarde;

con sabor agridulce, siguen tiernos,

adornados de tus pechos inconmovibles,

son tus manos enlazadas a mis sueños,

y el olor de tus campos invisibles;

dibujados en mi rostro me han dejado

el reguero del amor que a mí me diste,

aún me suenan silenciosos y están mojados

de los fluidos de mi vida que persisten;

son tan tuyos que me aturden y me ciegan,

como ayer que en tus ojos me perdiste,

son tus besos las cadenas que me llevan

al paraíso de un amor irrebatible.

 

 

La canción de la derrota

Yo venzo con pudor y con mi honra

 sobre el paso gris de mis versos sencillos,

yo venzo con valor pues he podido

resistir al desencanto de la prosa.

Y lo hago riguroso y a diario,

sin máculas de tiempo o vanidades,

con ilusión de escribir para dejarme

retazos de mi vida y mi ideario.

¡ Fue tan duro crearme una poesía,

tan doloroso fue que siendo niño

dejé de crecer, por creer que me valdría

perder el tiempo para servir a mi sino!

Era como estar maldito de desganas,

de no tener en nada lo que vale,

de perderlo todo y quedar en nada.

 Los que más me querían aborrecieron

de mí un arte que no tenía futuro,

pero, las cosas son así, ahora de viejo

ya veo que me he guardado lo más puro.

 

 

El amigo

Amigo, tienes derecho, yo te lo doy,

a levantar del mundo una mirada,

a pasar por la calle del mañana,

a vestirte de hombre el día de hoy;

 tienes derecho al mar y a su aventura,

a derretir la nieve con tus manos,

a besar la fragancia de un bocado

que el amor te convida en tu fortuna;

tienes, por ser quien y eres y quien no,

a desnudar las sombras con tu sombra,

a caminar derecho en la rotonda

de un mundo tan redondo como el sol;

también tienes derecho a un nombre,

tan sonoro y rotundo como el tuyo,

a llamarte con tu amor, el más profundo,

a sentirte orgulloso como hombre;

quizá en los sueños que ocupan el universo,

en la gran noche de todos los empeños,

tendrás derecho a ser sobre lo eterno,

y a brillar en la soledad sobre lo más negro;

mas, aunque todas las cosas te faltaran,

aunque te sobren el desamor y los desprecios,

aunque te encuentres pobre en la palabra,

solo por ser tú y nada más que por eso,

tienes derecho, amigo, yo te lo doy,

a ocupar un espacio único en el que estoy

lleno de ti, y de todo tu pensamiento.

 

 

La guerra de las palabras

Bien, bien, una guerra de palabras,

una clámide silenciosa sobre el acero montada;

suenan las chirimías y las voces centelleantes,

se levantan humaredas y las luces chirriantes,

se encienden los colmenares sobre las colinas henchidas,

se abajan los pensamientos y las miradas perdidas,

nada es consecuente así, pues nada sigue un hilo,

aquello, lo más hiriente, será lo más conseguido;

pasa un arroyo sereno, ajeno a la pelea,

también alumbra un lucero que contempla lo que sea;

se adivina, lejanamente, que el mundo había esperado

una guerra de palabras sobre el mundo levantado;

se apagan los viejos cines llenos de humos que huyen,

se acomodan en los asientos las voces de los querubes;

la gran montaña nevada brilla con senos picudos,

gravillas para sus faldas y para sus vergeles rubios;

picos, palas, oros, lienzos,

sobre el amanecer de plata brincan rudos los aspavientos.

Silencio tan capital, sobre la escena gigante,

repetir lo que se ha dicho es a veces lo importante.

Sin par, sin tregua, sin fin, que la guerra es la guerra,

el oro será el botín de aquel que se lo merezca.

Ah, qué descanso sereno duerme plácido el que vence,

la eternidad es el premio que concede a sus valientes.

 

 

Mi casa

Suave, con luna llena, feliz y brillante,

está mi casa cogida en esta tarde;

cruzan por ella surcos de oscuros vuelos

de nubes errantes, perdidas entre los sueños;

los cipreses coronan las estrellas del cielo,

se quejan con perfumes de olor a incienso;

detrás, por la escalinata que no se sube,

está mi casa más llena incluso de tu mirada;

entre las cuatro paredes finjo y me multiplico;

mi casa, que estuvo bañada en tu alegría,

cuando llega la noche en su techo oscurece,

entre las tres y las cuatro seguidas pienso en ti

y tú no estás.

 

 

Colorín, colorado

En la solemne traza de una lira suena tu canción,

ay amor, que sola es la desdicha de no tener tu amor;

un precipicio se abre bajo mis pies tremendo

es ver que quería mirarte y solo estuve cayendo;

en la púrpura del mar bulle una copla,

es blanca y llena de sal como tu boca;

alivia el corazón solo pensarte,

me alivio con el dolor de no mirarte;

colorín colorado,

este cuento habrá acabado.

 

 

Eres sol

Solo un sol entre sombras me enamora

y me enciende en su luz que no se agota

me llena y me inflama con sus ondas

y renace de nuevo a todas horas,

eres sol, no tengas nada en cuenta

si solitario transitas por el mundo

tu caminar es una hermosa siembra

vivero de alegría, lecho fecundo,

me miras y no dejas que te mire,

de mí se esconde el más bello de todos,

una estrella titila como Circe

en el gran universo de los cosmos,

eres sol y calientas a mi alma

con tus rayos vivificas mi cintura

oro me das, vida, dulzura

en tu cielo esplendoroso que te ensalma.

 

 

El sol cuando amanece

Ardiente sol que en la montaña luces

tu disco alegre de radiantes brasas,

canícula estival, tierra que abrasas

con paso inmortal y en rigor conduces;

 

brillante espejo de tu escudo aduces

lo más de ti que en el albor enlazas,

dorada siembra, irresistible, pasas,

fúlgido fuego de esplendentes luces.

 

Borra el cielo su azul en cuanto piensas

en tu bella tierra a la que enamoras,

eres su reloj sin pausa y sin horas,

 

y en sutiles rayos, en paz, comienzas

a unir tu rostro y tus llamas intensas

con que, enamorado, a tu amada adoras.

 

 

No ser

De un tiempo a esta parte ando perdido,

por donde digo que entro estoy salido,

a donde digo que voy nunca he venido;

 

no me encuentro a mí y nunca acabo,

por más que busque en mí en mí trascabo,

parece que me estoy colgado a un clavo,

 

no soy yo el que soy si es que lo he sido,

por más vueltas que doy no doy conmigo,

rebusco en la memoria y en lo querido,

 

pero ando como errante sin mí de amigo,

que no soy del todo yo es evidente,

aunque lo sea ante otros y para mi gente.

 

 

La vida fue una pesadilla

Un día, ya cansado, en la remota estancia,

de la mágica presencia que está en un rincón,

despertaré, de pronto, será solo un momento,

e, inesperadamente, solamente seré yo.

 

 

Sentimiento

Sentimiento, sentimiento,

ríos de las lágrimas, manos del viento,

el amor es una locura

que se duele con mirarle,

un fuego que no se apaga,

¡ un desastre! ¡ un desastre!;

para que no haya el amor

hay que matarle, matarle,

soledad que no está sola,

vida que está en otra parte,

sentimiento, sentimiento,

pasear contigo por los paseos desnudos,

llevarte a los rincones de su mundo

y hablarte con su cuerpo y con su mente.

Quiere irse de mí y entrar en ti,

parar en ti, porque la vida es dicha,

gozar tus atributos y tus sonrisas

y no acabar de amarte, aunque nos pongan fin.

 

 

Tú, mi cantor

Tú, mi cantor, ven a mi alma,

ya se iluminan las sombras en pequeñeces,

 lejanamente el sol parece comenzar,

ven, mi cantor, de notas bien timbradas,

tus melodías armoniosas calientan mi corazón;

la palabra es un río que no para en la muerte,

por barrancos, con saltos, se mueve entre montañas,

la palabra es la fuente que emana como agua,

ven, dulce cantor, de las horas rosadas,

de las remotas noches de un inmenso vivir,

ven, camino feliz, lleno de mis pisadas,

con la soledad de tus hombros en tu mirada;

llena nuestros valles de tus canciones,

las flores te prestan su apresto durmiente,

su sonora campana el sol reluciente,

las guirnaldas de amor que atan los prados;

que todo habría dormido menos tu canto,

no hay mejor manera de despertar: cantando,

cantando el dulce son que no tiene ritmo,

 el dulce fluir del llanto del invencible amor,

en la luciente oscuridad de la pureza,

del latido de la palabra y su quietud brillante.
 

 

El canto del sol

Yo vengo esplendoroso y bien vestido,

pues soy un bien nacido,

yo vengo luminoso y espercojado,

apenas he pintado en el cielo más azul

mi blanco ilusionado,

yo soy el sol, nacido de lo más alto

el único y sereno gobernador,

a todo lo que se mueve atraigo,

es mi persona  redonda plenitud de mi corona,

apenas paso y todo lo oscuro saco revelado,

yo soy la luz que os acaricia quemando,

la soledad más llena, la eterna juventud

que brilla en el cielo como una patena,

el escudo bien limado, irresistible acimut,

el sol soy, día a día, desde el orto al ocaso.
 

 

 

La piel

Mi piel me llena con su agua caliente,

me baña en su lágrima encendida,

me lleva por la muerte y por la vida,

se llena en mí y en mi cuerpo se siente.

Me lleva a ti y de ti hace su antojo,

quiere tener en ti lo que en mí regala,

quiere pasar su mano por tu cara

y besar en ti sin acabar sus ganas;

desesperadamente, quiere amarte,

enteramente en ti vestir la sudorosa fuente,

consumir en ti los sueños de su frente

para morir del todo y sin que haya muerte.

Quiere mi piel cogerte de la mano

y pasear contigo por los paseos desnudos,

llevarte a los rincones de su mundo

y hablarte, hablarte con sus ojos y con su mente.

Quiere irse de mí y entrar en ti,

parar en ti, porque la vida es dicha,

gozar de tus atributos y tus sonrisas

y no acabar de amarte aunque le pongan fin.

 

 

El tiempo de un enamorado

 

Cuando reí, cuando pasé por fuera,

cuando mejor estuve y fue contigo,

cuando quise morir, y aún prosigo,

cuando perezca al cabo y cuando fuera.

 

Cuando estando tan solo no tuviera

ni ganas de abrazarte como amigo,

cuando me encuentre mal, como un castigo,

cuando me muera dentro y no me muera.

 

Cuando me escriba versos de la muerte,

cuando estando ya muerto y acabado

me asome con el alma para verte,

 

será tiempo de amor si en lo callado

de lo más mío de mí, y por tenerte

clame por ti mi voz de enamorado.

 

 

Estaba solo por verte

Mi vida me ha pasado a veces muy de frente,

como si se acostaran en mis sienes morenas,

dos estrellas tan verdes como la misma muerte,

 han derramado fragancias de siglos achicharrados;

 yo estaba solo por verte, solo por verte;

como en la vieja película cabalga el solitario

por la llanura extensa se agota parda mi voz,

 entre montes y duermevelas, el mar secado de fuente,

se derrite mi cansancio como la música tenue,

transito por un espacio, emblandecido, sin luz.

 

 

Contra el oficio de escritor

 

Dudo que en pulcra verdad quepa mentira

ni que en ociosa quietud el viento advierta,

que en calladas palabras se abra una puerta

que se allegue a la paz o que anticipe ira.

 

Lo dudo todo, nada sé de la vida,

solo escribo con sudores de mi pluma,

que fluyen como río bañado en bruma,

cantando por cantar, tinta perdida.

 

El mundo es otra cosa, más parlanchín,

como sacado a la alegría y al conjunto,

en barras de los bares, charlador junto

a la amistad del momento y su trajín,

el mundo anda y su sonido está a mi lado,

ni incomoda mi alma, ni la ha callado.

*

Vivir es la verdad, aunque no dure,

pensar es vivir y no lo parece,

escribir es usar la vida sin que se apure

el fluido del ser, pero verdad perece.

 

 

El río

Creo que el río se equivoca de tanto querer andar,

de pasar de los vivos, de solo estar por estar,

de bajar por las ruideras, de llegar solo hasta el mar,

de no quedarse en la tierra y buscar, solo buscar;

creo que el río se equivoca hasta de suspirar,

de amarse tan continuo, de no estar por no estar,

de ser tan descuidado con la palabra mirar,

por no saber de esfuerzos y solo querer virar;

creo que el río se equivoca cuando se pone a llorar,

cuando nada puede hacerse y solo sabe cantar:

no me cantes río lejano que nunca conmigo estás,

tan sinuoso y repleto, que de mi jamás sabrás,

que te llevaste lo bueno y al mundo dejaste atrás,

no me cantes tan extraño, déjame también en paz.

 

 

Neutros

Más veloz que la luz, mucho más lejos,

un racimo te llega del beso que me has dado,

mucho antes de mí en ti has estado,

la gracia que yo di son tus gracejos.

Más pareces tú mía que yo tuyo,

pues el amor es así de ocurrente,

cambia las cosas, su tiempo es diferente,

más que la mariposa vuela el capullo.

 

Creyeron los hombres sabios hacer el mundo,

que ni Dios Creador hizo del todo,

aprendan estos sabios que no hay modo

de acabar de entender lo más profundo

y antes que ellos

el hombre más sencillo las cosas sabe,

admírense esos hombres de ignorancia

y del amor al que no gana su ganancia

sino saber perder, que ésa es la clave.

 

 

Porque un pasado es algo que nunca volverá,

¡¡¡ Aleluya !!!

 

 

La vida es así

Y pensar que al final yo voy a ser unas palabras,

pocas, pero bien escritas, que no parecerán escritas por mí,

al final no seré yo exactamente, que nunca estuve escrito.

Y no es justo, no es justo que abandone el camino

y no sea mi yo del todo, nunca acicalado,

que sean, si lo son, las palabras mis sucesoras,

ellas, que nunca supieron contar mi alegría,

que jamás se entristecieron con mis lágrimas,

 se olvidarán de mí y ningún cielo me recogerá,

porque a nadie le importo, la vida es así,

no la he inventado yo.

 

 

Te regalo mi silencio

Te regalo mi silencio para que escribas,

para que oigas de mí lo que se calla,

para que encuentres música en sus páginas,

para que sepas hablar como él habla;

te regalo mi silencio, que no se escucha,

que vive solo en mí como con alas,

y con sus alas vuela y no se acaba,

ni se interrumpe solo, solo es alma;

te regalo mi silencio, que no está escrito,

nunca dicen mis cosas las palabras,

callan lo que más quiero y yo callaba

cuando sobré en la vida, y yo sobraba.

 

 

Aleas

 Quizás, por mí, desde la verde estancia,

el arroyuelo suene, quizás no suene,

quizás el silencio de la verdad lejana

aún me lleve a donde nunca lleve

y yo me vaya

yo me vaya como arroyo para mirarme luego,

y más lejano aún, desde el mañana, en nada quede,

en nada quede yo si cuando las cosas cambien

 todo quede de mí y yo sea nada.

 

 

De pronto, tú. Ni el abismo ni la montaña,

ni siquiera el arroyo que nace desconsolado,

ni el horizonte redondo del infinito,

ni las nubes fugaces y sus dibujos,

 ni el hábil canturreo del pájaro temeroso,

tú, y nada más que tú, un momento siquiera,

cristal único, irrepetible ser.

 

 

La vida

Vida, qué eres tú que tan bien me tienes,

que eres más vida aún cuando me duermes

y más vida serás cuando me dejes,

que te acomodas a mí y me sostienes,

que vives solo por mí, que me quieres,

pues sin ruido me animas y sometes,

no te agotas del todo y fluyes tenue

unida a mí en lo llano y lo solemne,

que corriges mi cuerpo y lo mantienes,

porque, fiel y callada, en mi alma creces

 y el infinito ensanchas indeleble,

 en un rincón de mi ser, vida tú eres

lo más fiel de mí, mi amante siempre.

 

 

La calle

La calle se llena de madrugada quieta

vacía de gentes que caminen de dos en dos,

de uno en uno, de cabeceantes bicicletas de la duda,

de las lámparas torcidas del contenedor,

de la farmacia oblicua y el lento discurrir del taxi,

de ti y tu silencio maldito que tanto daño me hizo,

la calle huele a calle y mi poema no huele a nada,

un poema perfumado para ti desde mi estro,

donde si hablo de todo de nada conozco,

la calle me pinta, me deja pintado, me muestra la vida

y la vida pasa de manera distinta a mi poema,

no me extraña que nadie quiera escribir cuando está vivo.

porque vivir es tocar la calle del deseo, acariciar su piel

y decirte, encendidamente, me consumo en tu fuego,

 en tu fuego brillo con luz propia, la que me gusta gastar.

 

 

Mi yo callado

A mi yo le falta el huesecillo que hace hablar,

el que tenían los neardentales y los dinosaurios,

ergo, mi yo auténtico no dice ni palabra,

aún callado sabe más que yo, no lo contradigo,

va a lo suyo y llena mi vida de cosas imprescindibles,

quizás la palabra es el vestido de la razón,

aunque algunos la tomarán por la razón misma,

el vestido pacato que tapa nuestra desnudez,

y si algo se ha inventando bien es la desnudez,

pero mi yo ni siquiera va desnudo, está callado.

 

 

La rana

El silencio aporrea la puerta del cielo

y el cielo insiste, insiste, en venir cada día,

cada día me solazo pensando en ti, vida mía,

desde hace muchos años, yo también insisto

aunque de ti sólo venga el silencio

y el silencio aporree mis ventanas para que yo te mire

te mire en mis paisajes de adentro,

aquellos que son oscuros como los ojos de un ciego

y me pongo ciego aporreando la puerta de tu paraíso,

que está vacío, que está muerto, que ya no existe,

que te lo llevaste jugando a la otra parte de la vida

y solo puedo visitarlo como un turista en mi tierra,

te lo llevaste todo, hasta mis ganas de sufrir,

lo hiciste como la brisa que nos roba el cariño,

suave y acariciadora y con la otra mano se lleva la felicidad,

como lo hace la belleza que suele huir de nosotros,

como la propia riqueza que siempre fue esquiva,

no sé por qué digo estas cosas si tú no oyes

y por qué parece que te las digo a ti, que nunca me oíste,

croac, croac, la rana salta al charco y lo hace en inglés

para que nadie la entienda.

 

 

El niño

Alegre mi alegría

mi alegría suene

y hasta la calle se llegue,

con el Sol,

 que calienta a la tierra

y me caliento yo,

trota el agua que borbota

en la fuente de mi patio

y la parra se alborota

de uvas doradas que enciende

y antes las escondió,

cuando el gato se estira

arqueando su barriga

y me mira de soslayo,

distanciado y con sopor,

qué alegre la alegría siento

jugando con mi pelota,

chuto contra los rincones,

rompo mis pantalones,

 canto, grito, doy pavor,

en peligro los balcones,

enciendo los nubarrones

de los mayores gritones

que nunca son como yo.

 

 

Los versos de Peter Pan

Que no crezcan mis versos, ni maduren

que no se hagan señores con barriga,

que no fumen puros ni colillas

que no canten oscuros cuando sufres,

que se hagan violetas adormecidos,

oro fino de piel y de sonido,

grifos mudos de ser y con atino,

te hagan reír también entre suspiros,

que te devuelvan rosas con mis manos

que te den la palabra y los recibas,

que se escriban de pie, aunque con prisa,

que pesen como la nada y sin trabajo,

que te digan adiós, se vayan pronto,

que los eches de menos en ese instante,

el vacío de los versos sea lo constante,

duren solo un momento sin más logro,

no quiero madurar ni hacer maduros

sino locos de amor y de contento,

alegres como los niños, siempre risueños,

vivos como la mar, en lo más puro,

y luego vuelen también y los olvides,

si nacieron de un día se mueran pronto,

son versos que se agotaron, como un soplo,

que los recibas tú es lo que piden.

 

 

Lluvia de verano

El otro día, ayer, yo estaba cobijado en la chamuza gris oliva de una lluvia atroz que caía dolosamente sobre mi cabeza,

cobijado y meado, atrapado en la dura tela gris oliva que me ponía una piel de hipopótamo y me daba una figura atroz,

yo la oía tamborilear, a la lluvia, sobre el duro pellejo acartonado, retumbar dolosamente sobre mi cuerpo hirsuto,

creía morir, de siempre me ha dado miedo esa lluvia atroz que baja dolosamente sobre los inválidos cuerpos y los machaca,

creí morir, agonizar, lastimar el hirsuto pellejo blanco, lleno de lluvia, atormentado por los cielos que son verdaderos infiernos

y al tiempo, en el tiempo de los desmayos, creí desmayarme de tanto dolor soportado de quienes viven arriba,

arriba es el lugar donde han vivido todos los que me atormentaron, empezando por los porteros del chamuzo alto,

era impresionante ver que la lluvia desdibujaba los divinos cipreses y se reía de todos nosotros, niños, aves y cipreses,

un nauseabundo olor a tierra mojada, culos mojados, garrafas mojadas, cipreses mojados subía escaleras arriba,

una lluvia atroz todo lo ocupa, cuerpos y almas, vivos y muertos, escaleras y senderos, plazas vacías, fuentes llenas

pero sigue impertérrita demostrando que la que manda es ella y puede maltratar a los que viven abajo,

¿ no queríais agua? ¡ pues toma agua! todo el agua posible y la imposible, estáis malditos, llorad con la lluvia,

mis lágrimas bajaban y la lluvia las desalaba, llegaban a la  comisura de los labios y la lluvia se las tragaba,

la lluvia me caía sobre el pernil como si yo me estuviera meando, chorrillos cristalinos convalecientes de apenas brillo,

era inconmensurable, devastadora, canora, opípara, secundaria, trementina, atroz, atroz, atroz, seguramente vacía

y no dejaba de caer, con el mismo tono, el ritmo atroz, bajando, bajando, llenando, vaciando, signo de la altura,

nunca había visto llover tanto, ya podía morirme tranquilo, nunca después podría repetirse, lluvia de verano.

 

 

El jardín abandonado

Jardinero, si tu jardín dejaste solo,

en medio de los mundos, distante y olvidado,

aún crecieron las rosas del otoño

tan preciosas y sutiles como has dejado;

siguió el limón llenando de tersura la mañana,

y sumisa la celinda se desnudó los labios;

tal cual dejaste y más crecido espera,

en el rincón la paz que solamente es tu canto,

que vuelvas a las flores y a los frutos, que aún te sueñan,

y encuentres tu jardín, para cuidarlo.

 

 

Ya no vendrás

Ya no vendrás, no llamarás,

no oiré tus pasos al pasar,

no me dirás había mucho tráfico,

no acabarás en la mesa después de llamarte,

no me nombrarás, ya no estaré en la otra parte,

no asumiré que fuiste para mí lo deseado,

no asumirás que siempre me tuviste a tu lado,

 no me tendrás no esperarás no suspirarás,

no querrás que tarde o que me pierda luego,

ni luego te arrepentirás y me dirás te quiero.

 

 

Aire

Aire que en mi boca duele,

cargado está de mi pena,

de la soledad del pecho

que en mi corazón se encierra,

aire que me da y no queda,

que me nubla la mirada,

que me llena de las lágrimas,

que me embebe de añoranzas,

soltado está de mi alma,

aire y soledad,

soledad tan mía,

que en el aire está.

 

 

La verdad es más deleble que el humo

Otrora, hace tiempo, un día

seguramente ayer, no lo recuerdo

con el tiempo vivo el olvido y le llamo recuerdo,

seguramente vivo una apóstrofe, una mentira atroz vestida de poema,

vivo oculto, en la parte de los otros,

¿ podría entender que soy yo en todo momento?

creo que no, el mundo es complejo y yo soy complejo,

no me gustan, de verdad, todas las cosas que me gustan,

hay que reconocer que en el gusto ajeno el gusto tiene mal gusto,

aquí o allá, unas pinceladas, unos acordes, unas palabras, aciertan,

a cuentas gotas con pocas gotas otros aciertan,

lo cierto es que al final le pediré unos pocos segundos más a la vida,

al fin, el mundo se parará y yo disfrutaré mi ser auténtico.

 

 

 Amor rima con deseo

Con mi mano partí toda mi dicha rota,

en cada región de amor se me enconó la vida,

rondé al amor, pero sonó sin nota,

llenose el aire de mi soledad herida.

¿Se pena acaso, amor, estando tan sumido

en el deseo de amar, si sólo estoy herido

y no es amor lo que el deseo se deja?

Yo sigo enamorado, estoy comprometido

a no dejar de amarte y a mi deseo estoy unido.

 

 

Dualidad del amor

Tú que vistes, habitas y desarraigas,

tú que siembras, seduces, como encoges,

tú, que en la negrura hembra te echas a despelote,

 tú, que eres tú, y nada más que tú,

 tú, ¿ me entiendes?, mi mundo se hace nuevo

y en este mundo estrecho desde tu anchura

seguramente yo, que en nada estoy creyendo,

por ti vuelva a creer.

 

 

Poema de la rosa

Una rosa no es rosa si es la rosa,

si su fragancia suena más que huele,

si se describe rosa, si no vuele

parada en el jardín de cualquier cosa;

una rosa no es rosa si tú me quieres,

si me devuelves el aire de tu esencia,

si te haces de rosas a mi querencia,

si me regalas rosas, y me prefieres;

jamás será la rosa la simple rosa

que acaricia mi alma con su arrullo,

ni la rosa será el amor tuyo

cuando te miro exánime desde mi prosa;

que mi rosa es poema desbaratado,

todo lleno de amor y rotas hojas,

rosas de mi dolor, en flor sacado,

perfumado jardín de mis congojas;

y la rosa eres tú que andas y picas

con tu pasito en flor de enamorada,

la rosa es el manjar con que salpicas

mi alma loca a tu alma atada.

 

 

No sabes nada

Todo el tiempo me queda para escribir,

vivo para dejar mi huella impresa,

antes que el tiempo nazca, antes que venza,

vivo para dejar mi sin vivir.

Quiero que se fomente una quimera

que salga pronto en mí la bienvenida,

quiero coger el mundo para mi vida,

para que siga pronto lo que él quiera.

Canto para gritar - canto le llamo-

pinto con mis sonidos y mis palabras,

surco la Primavera con mis ventanas,

abro la dicha al pronto para ese canto.

Lloro, si es que llorar es suplicarte,

por un amor antiguo que llevo dentro,

abro las dos ventanas del pensamiento,

río por no llorar tanto de amarte.

Quiero que me acompañes en esta noche,

salga tu corazón unido al mío,

beses en mis recuerdos y con tus guiños

alegres a mi alegría con tu derroche.

Callo, que solo risas mueve mi canto,

ríes y no suspiras si viene el alba,

olvidas que yo por ti te di mi alma;

nunca sabes de mí, no sabes nada.

 

 

El corazón se enamora como loco

Del aire, en la razón, en la nada traspuesta

llevo una corola puesta de tu esencia sutil,

eres la primavera, del cielo, en la tormenta,

el ruido de los rayos y el silencio gentil;

eres, de no sé dónde, el amor que me has dado,

que regalas, hermosa, solo con tu vivir,

los cielos estrellados que ensimisman y me llenan,

la plácida caricia del viento más sutil,

eres mi noche oscura que atravieso sin miedo,

que de mí traspasa tu grande corazón,

los días sin escarcha, la mañana más clara,

que haces alegres y alivias todo a mi alrededor.

 

 

 

Te miro

Te miro como la música que me mira transparente,

como te miro tapada y me desnudas al verte,

enamorado, alado, poético, evanescente...

como te mira la noche que se desnuda al tenerte,

anclado en las esmeraldas de tus pechos incandescentes,

corriendo en ti con los ríos de mis ojos insaciables y valientes.

 

 

El silencio

El silencio se acumula día a día,

instante a instante el silencio construye su montaña;

al principio parece como la nada, indolente y poco peligroso,

pero su densidad llegará a pesar con el tiempo,

como cuando niños abríamos los brazos al correr

y tocábamos las formas del aire, voluptuosas y densas;

entre tú y yo hemos puesto por medio demasiado aire,

mucho espacio silencioso, como una brisa de silencio,

y hará su enorme montaña que nos separará por siglos,

que nos llevará al olvido si no lo rompemos antes con la palabra.

 

 

Las flores

Yo quisiera regalarle al pobre hombre un ramito de flores,

ya sé que suena mariquita, pero las cosas que regalamos a los hombres importantes son algo mariquitas:

una medalla, un discurso, un espantoso abrazo

y a estos otros hombres no les regalamos nada.

Las flores en unas manos trabajadas son más frágiles,

sus colores son mucho más hermosos,

el poco perfume de las flores de los hombres de a pie no huele a casi nada,

parece que son más flores, más distintas a la vida

y nunca les regalaron flores a esos niños que miraban secos y admirativos,

que nunca fueron niños del todo, con la gravedad del hambre:

cuesta mucho llegar a ser hombres tan mal alimentados

y siempre han estado a nuestro lado, no hay que irse a África,

un ramito de flores solamente sacado a mi tiempo,

un poco de humanidad tampoco me viene mal.

 

 

El rosal de cristal

Cogeré tus momentos más felices

y en mí haré vivirlos para siempre,

regaré con mi agua a tu huerto,

donaré con mis ojos lo imposible;

cantaré tus canciones más escritas

con un gusto indecible por lo nuestro,

me haré amor, me haré tu siervo,

quien decline para ti lo increíble,

tendrás mi pecho y mi corazón sangrante,

la clara luz que alumbra tu camino,

tendrás mi voz, mi cuerpo dolorido,

tendrás mi fe, mi mundo incambiable;

también tendrás tus horas más pacíficas,

aquellos tus momentos, los más solos,

el paisaje callado, una palabra en paz,

yo creo que al final vas a tenerlo todo.

Por ti, por ser quien eres y no eres nada,

para un mundo infeliz nunca a tu lado,

porque todas las injusticias se han juntado,

se hará justicia de una vez, será cantada.

 

 

Del álamo en la pradera

Todo es virtud, del álamo en la pradera,

en el viejo bosque con árboles verdecidos,

en la paz de los cielos en silencio mecidos,

en la llana verdad que en el alma se uniera;

todo es virtud, de una infancia repleta

de buenas intenciones e ilusionados sueños,

en la fe que tuvimos en los suaves empeños

por ser los mejores y por llegar a meta;

mas luego, pronto, de la mano del tiempo,

trocó la vida entonces su rumbo equivocado,

cambiaron las cosas llenadas por el pecado

de crecer por crecer y jugar por pasatiempo;

estando en nada, virados en la fortuna,

lo justo quedó atado en un lejano centro,

aquello fueron montes en demasiado adentro,

apenas vislumbrados de tan alta tribuna;

bajó la mar, mucho más honda y llana,

y más quedó sin agua y mucho el cielo puesto,

falsa inquietud de aquel centro dispuesto,

referencia de mundos en alma casquivana.

 

 

El patio verde

Querido amigo: en los grandes días me acuerdo de ti,

cuando tengo algo que decir siempre quiero que seas tú el primero en oírme.

Hoy tenía una necesidad que arrastro hace tiempo: ser yo mismo.

Liberar mi hombre interior y lo hago con mi poesía,

para que me valga a mí y valga para todos: que ésa es la poesía.

Es por esto que hoy he escrito esta poesía necesaria,

la libertaria poesía que quite los disfraces del mundo íntimo.

Ataco en profundidad al meollo de todas nuestras desgracias:

no ser quienes somos de verdad.

Un abrazo y mi poema, para mí que logrado por esencial y con ritmo clásico que es el auténtico

***

 

 

Una cosa es segura, yo me pierdo

en la amplia geografía menuda, extensa

del interior de mí, de mi pereza,

en que al buscar en mí nunca me encuentro.

Pasajero de mí, en mí navego,

por nada tengo al mundo mío de lo íntimo,

extraño soy de mí, pequeño y mínimo,

sin referencias en nada, yo me mantengo.

Algún día, una vez, extrañamente

de abigarradas nubes ocultado

un rayo de la luz interior he sacado

que me sorprende a mí mínimamente.

¿Seré valiente el día que conmigo

sea el más fiel y mejor de mis vasallos,

trocaré toda duda y levantando

la voz en mí no me dé por vencido?

He de liberar en mí al hombre íntimo

que me soporta en más y al que hago menos,

cambiar las vestiduras de lo ajeno

por las mías propias que en la mentira asfixio.

 

 

Difícil poema, desgarrado, intimista.

Es como arrancar la piel del alma,

cuando todavía algo de piel queda

y el sufrimiento no es el despellejamiento mismo,

sino la piel que todavía agarrada se aferra,

sabiendo que a jirones habrá de desprenderse,

como las hojas en otoño van cayendo poco a poco,

aun cuando alguna pegada aferrada se quede

por un tiempo –mínimo- a su rama.

Alfonso Colodrón.

 

 

Te miro

Te miro cuando pasas y me asombras,

la lividez del rostro, última pena,

cuando no se si vas o si regresas,

cuando mi alma está enterrada o muerta.

Te miro y no dejo de seguirte,

soy como un fiero león, montado en celo,

soy el oscuro burdel de los deseos.

 

Entonces me espabila, de pronto, una mirada,

nos encontramos en puntos llenados de infinitos,

callamos como perros escarmentados

y nos ponemos a proseguir los hitos,

Y en ellos estás tú también, es ya cansino

que hayas muerto y te hayas ido sin llamarme,

y que sigas aún tú, tan distante.

 

 

Contra mí también

Se desata el poeta lujurioso

y acostumbra a cantarte enamorado,

es poeta de tumba y de pecado,

cantador de la noche envidioso,

suena oscuro su desgarro en que esconde

los mil sueños que ha roto el destino,

es humano y aún se cree divino

por el humano afán que a vanidad responde,

es poeta de un día y de un saber,

ligero como la nube que huye,

canta sonoro en río que fluye

sin más meta que ser, y solo ser.

 

 

 

El Sol

Ríe, alma, sufre riendo como el mismo sol

cuyo pecado mayor es ser hermoso,

redondo y atento padre nuestro,

allá en los cielos esplendentes, llenos de luz;

ríe, alma mía, que estás muy triste todavía,

recién salida a la vida para brincar de gozo

en el espacio ganado por el verdadero amor.

 

 

La alegría

La dicha es una palabra que se queda en el alma,

que revolotea segura en oscuros rincones

del tiempo, es una plegaria que ha sido escuchada

y que de pronto salta como fuente interior;

una lluvia infinita riega los campos secos,

sobre los viejos olmos caen cortinas de amor,

se lavan las palabras, las oraciones fluyen,

ya todo es primavera tan llena de color.

La dicha es una estancia que estuvo ocultada

desde remotos tiempos de una vida anterior

y que de pronto sale y ya todo lo cambia:

¡ de verdad soy dichoso, así lo siento yo!

 

 

Poema de un amor delirante

Sombras sobre mi pecho, mi amor contrito,

sobre mi amor la dicha, sobre mi bien lo escrito,

sobre la duda brisas, sobre la brisa el mar,

sobre la mar los días, sobre los días la sal,

sobre todas las cosas saber que tú me vienes

 

con tus alas fragantes con tu baile caliente,

que no me duela ayer con sus hirientes rosas,

que no me duela amarte, ahora, a todas horas,

y que luego me olvide serenamente

y no me quede en ti, que no me quede.

 

 

Mi teléfono dice no a todas las horas

Desnudo y brillante como un cisne negro,

como un calcetín echado en el desván de la cantante calva,

conectado a la central del miedo,

habla consigo en silenciosos universos,

 juega al ajedrez con números noctámbulos,

 a veces suena, " perdone, me he equivocado",

es mi alma contraria que me roba mi retrato,

 yo hablo hasta por los codos con carcajadas sonoras,

hablo y hablo, me atasco al hablar, sueno como un reloj, tic, tac,

alegre como un trino, tengo timbre de mujer,

 me desnudo a los amigos, abro mis piernas,

podrían cogerme de cualquier parte sin que les apartara mi mano,

decididamente no soy un teléfono negro tocándose los huevos.

 

 

 

Las sufridas mujeres

Si yo alguna vez quisiera enamorar a una mujer me pondría al revés,

la cabeza en el suelo los pies en el aire mirando el firmamento,

la mujer es todo lo contrario del hombre o el hombre es lo contrario de la mujer,

si yo pienso blanco diría negro, si yo pienso negro diría cualquier color menos el negro,

pero no siempre lo he sentido así, yo era un brutote hablando en femenino,

hasta mis caricias más íntimas tenían más de mí en solitario que de amante,

ellas me sufrieron, a las mujeres les gusta sufrir, qué raras son,

me sufrieron con placer y lascivia, creo que pensando en otro

pues una cosa que nunca dije es que la mujer es infiel por naturaleza,

lo dicho, la cabeza en el suelo los pies en el corazón.

 

 

El arte desnudo

Desnudo, totalmente desnudo,

a espaldas de todas las ciudades en gran silencio,

desnudo y grande con fuentes y con arroyos,

con nubes in marchitas que van evaporándose

por las colinas,

desnudo de claridad inquebrantable frente a los astros,

vestido solo de mí, de mar y de arena,

desnudo de soledad, de hambre y de llanto,

de tanto penar la vida por los senderos rotos,

desnudo como los cables picoteados por las águilas,

alto del todo, allá en el aire, volando plácidamente,

desnudo como las sombras y como el agua refrescante,

cayendo plácidamente de mi lluvia ligera, casi de lluvia,

desnudo en las mañanas antes que el sol me vista de otredad

y solo me quede en mí, como mi arte.

 

 

Todas las aguas juntas contra ti fabularon

y en sus mecidas ondas acabaron tus sueños.

 

 

El sueño

Quedó dormido Amor entre las aguas,

unido al infinito tan cerca está del cielo,

un sueño tan profundo en su rostro aparece,

como un niño llenado que alimentó una diosa,

quedó dormido Amor y es trascendente

el tiempo detenido entre sus alas tenues,

dulzura de sus labios, de la fragante prosa

que dúctil la almohada a su rostro sostiene,

toda la estancia álgida su palacio parece

pues entre las blancas sábanas Amor se duerme.

 

 

Ah perfección, belleza, alma,

han de acusarte entre todo esto en que resaltas,

perseguir en tus ojos tan lúcidos,

para no verse a sí mismos,

para no verte.

 

 

Al amigo común

 

No seas más por mí ni por la muerte

ni lleves en ti mi luz tan apagada

no acabes por mi mal por no ser nada,

pues digno eres de ti, pese a tu suerte.

 

Paradigma de lo bello y de lo fuerte

te lucieron como estatua iluminada

en palacios de terrores, dueños de nada,

te adornaron como joya para verte.

 

Aquí eres rey y en mis poemas mandas

paradigma de hombre por perfecto

mis palabras alumbras y las agrandas.

 

En aguas procelosas de lo recto

habitarás el espacio que tú expandas

en lo hondo y común del buen afecto.

 

 

Antinoo

El amor te ha vestido y coronado el celo,

ha medido contigo todas las perfecciones,

te puso la libertad sobre tus ojos tristes

y un canto te acompaña de melódicas voces,

el amor se ha reunido con los sabios señores

y ellos no opusieron ninguna exigencia,

te encontraron perfecto te dieron rienda suelta

y tú, en libertad, te hiciste más y más grande,

el amor dibujó las inexistentes alas

que parecen volar tras de tus hombros plenos,

ha rozado en tu alma el mejor de los vuelos,

pero te dejó desnudo en la temible noche,

nunca bastó el amor para hacer un futuro,

y el pasado solo dio un fuego compasivo,

todas las aguas juntas contra ti fabularon

y en sus mecidas ondas acabaron tu sueño.

 

 

Solo

Compañero, cómo puede ser que el tiempo te haya cambiado tanto,

recuerdo cuando me picaba tu mirada y me inquiría algo que yo no entendía,

no entendía tu tribulación, ese meneo oscuro de tus ojos avergonzados

la palabra que llenaba tu boca in marchita y la vergüenza que te daba mirarme a los ojos,

son el tiempo en que el hombre se siente inseguro, seguramente niño,

lo sabías, sabías que yo era un enjambre de palabras siniestras

donde los cuervos graznan y las palomas huyen, como buitres, amansadas

sabías que lo sabías, pero yo era un procaz de sueños insensatos,

acurrucado siempre en la nostalgia del corazón, huyendo por Granada,

y un dulce colmenar me cubría con sus llantos,

es cierto que las persianas suenan llorosas cunado llueve al mediodía

cuando del sol solo hay luz, no el dulce picor de su calor siniestro,

compañero, me dejaste traspillado en tus sueños insensibles,

adormecido de ti, empapado de ti, corneado de ti, seguramente cadáver,

oye cómo el mar cruje como si quisiera decir algo, todo es mentira,

no habla el mar, solo yo hablo y solo hablo cuando escribo,

escribo tan deprisa que pongo el final al principio y cuando llega el final ya no queda nada,

ya no queda nada de ti, ni de mi, ni del viento ni de la escarola con ajos quemados,

solo

las palabras, palabras fritas y refritas, fritanga del sopor y la desolación,

nunca fue después igual.

 

 

Poema de los amores

 Qué hermosos tus cabellos, planchados, como míos,

la rubia cabellera que cae sobre tus hombros,

la dulce manera tuya de mirarme tan plácido,

y, sobre todas las cosas, la vieja costumbre aquella de contarme tus cosas,

seguramente estás en tu mejor momento, después nada volverá a ser nada parecido,

que la vida se va y nunca vuelve la vida y si vuelve nunca es vida,

por eso me enamoras y me hincas tu hermoso precipicio donde vuelo sin alas,

sin alas se menea el viento de la ira y huye también, todo huye, todo escapa por el alero del tejado

se cae la teja y la paloma asesina saca su vientre oscuro y vuela como si nada,

el cielo está manchado de palomas oscuras que vuelan ruidosamente,

solo tú me miras como un plácido lago azul lleno nítidamente de paz,

la paz infinita que habita en tus ojos y en el brillo de tus cabellos sobre tus hombros lúcidos.

 

 

La noche interminable

Oh noche amorosa que de mí haces el amante,

noche atribulada que acercas a mi amor y le convences,

cálida noche de caricias infinitas, sobrada sobre mí, sobreabundante,

noche temible del ser más ignorado que soy yo mismo,

trémula noche, tibia y anhelada, incontenible noche,

acurrucada en mí, niña de infinitos besos

 luego pronto olvidada en el duro día,

infinita noche arrastrada por todos los tiempos,

brillante lucero que luce solo sus sombras,

 grandiosa noche de rincones silenciosos, escrita sin palabras.

 

 

La nada

Que nada de lo dicho lo diga luego en mente,

de nada la ocasión en medio del domingo,

mariposee por turbio en su cristal insípido;

nada que se ha dicho esté de vuelta en la página vuelta;

si el cartero que llamó mil veces,

troceó mi vida de tiempos inservibles,

de acompasadas muertes,

escribir no es morir cuando se escribe muerto.

Mar, devuélveme tus olas del gusto

y el papel garabateado de los finos cuchillos,

o tú, las tardes subidas a los altos cielos oscuros,

con tus astros protectores de escondidas cavernas.

Vida del pinar, verde reloj que dibujas ilusiones

con grandes risotadas sobre pequeños montes

y a socavones llamas entre las mismas calles.

Un seco calor de agua baña al domingo;

bórrame memoria aquellas horas largas

de números inexactos, enseñados a sangre,

tan pronto el precipicio de la rutinaria estera:

soñar en los brazos del sueño, sueño en el sueño,

hasta pasado mañana por lo menos, mañana no,

si hoy estoy de fiesta.

Besar para olvidar tus besos domingueros;

letal la tarde que la noche inicia,

si la canción mascada se sienta oblicuamente,

con los pies mojados por una lluvia, enfrente.

Ni así, ni si nadando en manojos de dedos

te encuentro sola. Yo te llevaba con siglos puestos,

dentro de mi, seguramente con ganas de salir

con tanta fuerza que hasta lo dulce duele

de la dureza inaudita llamada amor.

Mañana es muerte sentada sobre nada.

 

 

El pozo

Dónde está el pozo que se llena de las cosas que dejamos,

cosas y casos, sueños incluso, palabras repetidas, encontronazos,

dónde está el pozo que se queda con las cosas de nuestra vida,

no somos nosotros, ni es nuestra memoria, ni es el ácido desoxirribonucleico,

no son nuestros calambres y los infinitos gozos pequeños orgiásticos,

no es la dulce pelambrera de las palabras, los libros escritos y los libros no leídos,

no son nuestras mujeres, pobrecillas, peinando canas in marchitas sentadas frente a la lumbre,

ni siquiera los hijos, desarraigados siempre, huyendo de nosotros,

me refiero al pozo de los pozos, al gran pozo donde tienen cabida todas nuestras vidas

y donde nada se pierde, como un gran agujero negro oscureciendo el firmamento,

allí estaré yo con mi yo de verdad, con mi yo inocuo que ya no puede hacer daño

con todas mis cosas dolosas y las ambiguas, con mi ser y mi no ser, todo junto

y siempre podrá tener sentido el hermoso caos que es una vida,

desde el principio, totalmente inesperado, al final totalmente predecible,

también estarán mis no cosas, las que nunca hice, las que nunca escribí que también soy yo,

por simple matemática ese pozo es lo posible, pues que lo posible son todas las cosas que fueron

todas las que pudieron ser y también las imposibles, me lo dijo un sabio.

 

 

 Cuando duele amar

Se me suelta un poema que viene sin palabras,

que no sabe lo que dice ni qué decir,

que habla por que habla,

que solo piensa en ti,

 

se me suelta un poema a modo de mis lágrimas,

como el llanto y la pena no lo sabe decir,

en el cuerpo me duele y me duele en el alma,

que solo piensa en ti,

 

se me suelta un poema que es una plegaria

que digo entre dientes, sin decir,

la rutina del cuerpo que desgrana palabras,

que solo piensa en ti,

 

se me suelta un poema dotado de la gracia,

que baila con la música, es un decir,

y olvida que no olvida,

que solo piensa en ti.

 

 

El jilguero

Ligero jilguero volando sobre el suelo,

girando y corriendo alegre en sus colores

en el aire dibuja elipses de jardín,

por la huerta y los prados en fuentes por riberas,

sin peso sus pasos cortitas sus fronteras

en el ciprés enseña su culito gris,

al lado de la gente como la gente misma,

suspiros en el cielo, colores pespuntados,

el amarillo fuerte y el rojo carmesí,

piquito bien armado, cantos esmerados,

parándose en la rama, saluda el caballero,

 oscura su levita, quitándose el sombrero

se inclina ante mí.

 

 

Las grandes contradicciones

Estamos acostumbrados a ser llevados

por gentes sencillas de gran corazón,

pero que tienen tal lío en la cabeza

que nunca nos llevará bien si no es a la locura,

gentes que dicen amar el bien y aman a los malos,

que se dicen decentes e inclinan la cerviz a los indecentes,

que se dicen limpios de corazón y solo miran a los indeseables,

esa buena gente tiene su lucecita en nuestros pechos

y alguna vez tuvieron nuestras lágrimas deslizadas como centellas,

pero solo nos llevaron a locura y la locura no tiene cura.

 

 

Las playas seductoras del amor y sus goces

Esta tarde que tan plana resplandece

en una mar tranquila, tan última y azulada,

tiene goces de amor, quietud y alas

rozadas por el azul, que en bien padece.

 

Posado forzosamente entre las nubes

por un amor que huyó, en un camino

hecho de plata y de rosadas pubes

se va mi amor en esta tarde herido.

 

Tengo mi pecho alzado a lo valiente,

puños tengo de acero en mi caricia,

un lupanar de hielo y por delicia

que no te tiene a ti de frente a frente.

 

Tengo la herida en tan ruidoso goce

quebrado mi dolor gorgoteando

un claro derroche de poesía manando,

en tu recuerdo, a la menor que roce.

 

 

La tierra que yo piso

Me fluye y me confluye con el uso,

me usa en sus jardines y sus paisajes,

los priscos, los apriscos, las veredas,

los surcos, los guijarros y sus valles

me tiene sobre el mundo anchamente

me lleva dulcemente en su canción,

me sube, me enaltece, me encabrita,

me brilla con su luz y en buena sombra

me da la fresca paz de su delicia

llenándome de pecho el corazón.

 

 

El único poema

Variopinto lugar lleno de escarcha

que en las salobres siembras sembró mi ruta,

buscando para hallar lo que trabaja

un día a otro cortar el dulce junco

y unir el desbarate de palabras,

aquí la arena seguida como el tiempo

cayendo siempre vaciándome el alma,

aquí rotunda la vida va seguida

en dulces notas se cae por la alambrada,

todo es voz y el gran fonema

hundido en mares de pleamar hundido

siguiendo el surco del único poema.

 

 

Aire

En el hueco del aire están todos los mundos clásicos que fueron,

las ollas vacías, las ollas llenas, el tufillo del hambre,

los buenos versos que Ovidio y otros dejaron,

están los pliegues de las faldas, las planchas calientes,

los muslos lustrosos los pechos encendidos,

en el hueco del aire están las cosas que se fueron,

no los busquéis en las tumbas todas iguales,

nada queda de los hombres que pasaron en la tierra,

todos se fueron al aire y el aire los acogió,

les dio cobijo por un momento secó sus lágrimas,

la vida es un colosal monumento construido por ellos,

seguramente perdió lo más maravilloso de sus colores,

la intacta vida que hace agradable los días y las noches,

también las lágrimas que en esencia son arte,

arte que llora por la humanidad que muere

se muere sin dejar rastro, no busquéis sus tumbas,

las tumbas solo se llenan de la falta de un hombre,

en el aire vuelan todos los rostros clásicos,

el aire los recogió el día que faltaron

y en el aire están las cosas que la tierra desprecia.

 

 

Sindéresis del espacio

Deletrear el universo y el espacio,

el frío atroz que reina por el orbe

el negro sol que ocupa todo el orden,

la voz callada que clama por abrazos,

volar, y sin caer, seguir volando,

abrir los brazos y esconder el rostro,

seguir, seguir, pues solo estando

ocupamos un lugar sobre los astros,

cada palabra, cada piel contiene

el polvo solitario de los caminos,

la grandeza del ser, el gran vacío

que a todos conduce en lo silente,

la vida es un hartazgo de belleza,

sostiene la grandeza en temas

que nadie esculpe y nadie contiene.

 

 

Sindéresis del arte lírico

Beatíficamente me pudro en armonías,

anhelos llevo prendidos no sé los siglos,

paso de las batallas contra los istmos,

poso en lo más melifluo de la poesía;

abundo en la abundancia de la escasez,

por precipicios tengo mi gran constancia,

son mis palabras hijas de mi mudez,

y hasta mi tiempo pierdo con gran ganancia,

trato de ser afable y me contengo

aunque de pronto estalle con gran estruendo,

hijo del rayo soy lengua de fuego

lo que amo diluyo y voy perdiendo,

un día es a otro cabal en todo,

el reloj interior marca mis ritmos,

yo me creo autor de lo que escribo

y hasta lo raro en mí lo escribe otro.

 

 

El ángel guerrero y escritor

Oh sombras del país que no conozco,

aliento húmedo de barros sin barrera,

cálidas alas de nube y primavera,

rincones solos en que paseo mis ojos.

 

Oh luna encendida brillándome en el rostro,

extracto de un jardín, aséptica en su esfera,

limpieza que aún me dura y en su lugar me espera,

para vivir mi vida, para gozar mi gozo.

 

Carámbanos y nieves sortean la cuartilla,

paisajes de cristal y de los fríos pausados,

picachos en los montes, riachuelos en la orilla,

 

donde me encuentro a gusto entre versos trabados,

ignorancia de mi ser, la soledad que ensilla

un brioso corcel, sobre el hacer, montados.

 

 

Persigo sombras

Persigo sombras, negrores sin figura,

humo persigo y quiero atar mi cuerpo,

campos tan blancos llenan el firmamento,

perfiles tienen las rosas de mi musa;

lo etéreo es vano y no tiene sentido,

el fin lo ponen las hadas de mis versos,

huyen de mí, y a mí me dejan preso

del sueño que he tenido desde niño,

ser y no ser como es campo las flores

el ojo de los buitres huele su objeto

lo peor es no ver que solo es un eco

la ilusión tan falsa que huele a nubarrones.

Oh linda mariposa volando desterrada

por los antros tan anchos descubiertos,

palpitando en su fulgor y solo ansiada,

alegre como el sol, entre sus blancos vuelos.

 

 

La barca

 Mi barca no navega sino que está en el mar,

a veces como que sueña y baila sobre su ritmo,

se deja solo llevar y las ondas la levantan,

estremecida se empina y al pronto plana se agacha,

de aquí para allá, en volandas, diría que sola se agita,

no tuvo destino nunca, yo creo que la tengo atada,

o quizás ya no lo está y el tiempo la detiene,

sobre el vientre de la mar su dura fragancia abrupta

 huele a madera húmeda y a la pintura más seca,

mi barca no se estremece porque es solo madera

pero en conjunto es un cuerpo que parece estremecido,

incluso en tardes verdosas creo que canturrea por bajo

 como canciones que borra cuando cuchichea más triste

no tanto para animarse sino para acallar los versos,

seguramente ha perdido su vida entera en el mar,

otra barca en su lugar hubiera viajado mucho

y aprovechado su cuerpo visitando otros cuerpos,

pero mi barca es muy parca, apenas es un velero

que si le gusta nadar no lo hizo con blancura,

las sábanas a toda vela, inclinada ante los vientos,

por eso digo que está solamente sobre el mar,

sin ser libre en su destino apenas si meneada

por la mano solitaria que se encallece en los puertos.

 

 

El último

No solloces de amor, no tengas pena,

levántate de amor sobre ti mismo,

sube por tu mar angustioso,

bebe el amargo sorbo de la desdicha,

encuéntrate llorando una vez más,

necesitas ser el último de tus traidores,

levanta tu cabeza y escupe lejos,

atrévete a nacer, ahora, ya mismo,

vivifica tu aliento en tu memoria,

esculpe una figura única irrebatible,

los campos que te esperan, la plácida luz,

recoge de la vida los frutos inexpugnables,

de las gentes su odio, de ti la indiferencia

y lucha por ti mismo con todas tus fuerzas,

sé el último de tus traidores.

 

 

Zenobia

Zenobia era una novia

de amor bendita,

veladores de hierro,

olas y brisas,

alondra en corredores,

fiel a su planta,

educada y tan bella,

rosa que encanta,

vestía como las novias

de blanco excelso

y para los poetas

era un buen verso,

salpicada de gracia,

con su chispita

se reía de los otros

y de Afrodita,

reina y señora

y soberana,

encantaba salones

con su prestancia.

 

 

Las nubes

Una nube pasaba y otra venía

y una, la más lejana, se detenía,

venían sedosas, siempre calladas,

llenas y blancas se paseaban,

una mano invisible las desgarraba

y otra, de oscuro sino, las condesaba:

¡ ay, qué tormenta

avisa un viento furioso, contra la puerta!,

suena un gran trueno...

que nos recuerda a todos el día primero,

mientras las nubes, antes altivas,

sobre la tierra caen, como cortinas.

 

 

Desengaño amoroso

Cállate corazón, aún poderoso,

gritas, ahogas, asfixias mi grato corazón,

cállate cuando vuelas por paisajes ignotos,

con el presente atado en la desilusión

que fuiste mi tormento por no dejar de amarte,

que apuraste mi tiempo sin nada de tu amor,

que me llevaste mudo, llenado de palabras

que me dolían y duelen de amargo sinsabor,

cállate corazón y escribe solamente

de lo bueno del mundo, del aire o del sol

que son cosas que pasan, furtivas, en el presente

que nunca tuvo nadie y solo tengo yo.

 

 

La llama amorosa

Ya liba de azul el sol dorado derretido

y sobre la mar vuelan las alas de la espuma,

a por la miel van las obreras aguerridas,

en campos del amor bullen premuras.

¿ Dónde estás tú, mi amada, llamada antes

que en la lejana aurora sangrara el sol?

Pues todo ama y es amor, y yo estoy solo,

la soledad me pesa como una carga repleta

de manzanas mordidas toda una noche entera.

Ya llama Primavera y yo no puedo oírla,

echado como estoy sobre la misma espera.

 

 

Las lágrimas

Las lágrimas se mojan en las miradas

se cambian por palabras que tapan con su agua

se llenan de la música e inundan de dolor

ocupan en los rostros los ojos embellecidos

se ríen las desgracias no tiene precisión

son unos mundos bellos que han perdido el suelo

el agua sagrada que desunió el amor

se dicen y no expresan se cantan y no se hablan

se secan con el tiempo y queman con su ardor.

 

 

La novia in marchita

40 años de novia y al fin me caso,

de blanco como las aguas de la mar por las orillas,

más vieja es la mar que mi poesía,

no más tranquila,

más suspira el mar, mucho más se agita,

cultiva algas moradas y peladillas

y siegue siendo el mar, la mar, cosa magnífica.

 

Más de 40 años de novia y al fin me caso,

me caso como hicieron los antiguos,

sin lunas de miel, ni paisajes, ni fotos,

sin comerme los postres de toda buena boda,

sin algaradas, ni nubes de arroces,

con los pies en la tierra y por delante,

( podría aprovechar para morir también).

 

Más, 40 años, cómo pasa el tiempo,

quién lo diría si ayer mismo empezó mi noviazgo,

tendremos que adoptar un niño,

niño yo te adopto y te adapto a dos vejestorios,

a dos lunas de miel de miel hurgadas,

a dos colinas blancas sin ningún picacho,

en fin que no me he muerto del susto pero casi.

 

 

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La mariposa

Mariposa de papel,

 volando a saltos deprisa,

en las flores detenida

para las flores beber,

insecto de la delicia,

de colores presumida

con ojos puestos al revés,

vienes desde las cornisas

y salpicas e irisas

el jardín de mi edén,

ay mariposa alada,

en colores encerrada,

alegre y siempre contenta

cómo ha podido ser

que antes que el hombre naciera

la mariposa tuviera

la alegría de nacer.

 

 

El dulce pájaro de la juventud

A Zizz, el viajero del músculo

Cuando te das cuenta que no eres nada de lo que creías,

cuando le das la vuelta al espejo y miras una imagen torcida,

cuando te dicen que tus temores fueron más ciertos que tu vida,

cuando te mueres, joder, de un golpe y sin ventanas,

entonces los árboles vienen con sus brazos a llenarte de sus risas,

y te besan en los ojos y te secan la frente y te dejan sus pañuelos:

estás jodidamente muerto, te cayó la tapia empujada por el viento,

te sepultó la sonrisa a plomo de un sereno, te dio un tomatazo un asesino,

y en la bandera de tu pecho una camisa blanca flamea, uncida trágicamente a tu destino,

 tus pantalones solamente corren en tus piernas y en los insinuados arcos iris un pájaro,

llamado juventud, se vuelve opaco, gris como un cuchillo, y vuela, vuela...

a tu patria.

 

 

El amor es incansable

No se cansa mi amor de más amar

ni se agota del todo si agotado,

no me deja vivir si ha comenzado,

no me deja ni amar ni disfrutar.

 

Me suspira y me tiembla al mirar

y me ciega y me nubla si mirado,

se me tumba en mi lecho a mi lado

y no cesa de amar ni al despertar.

 

Me suplica y me lleva a amarlo todo

una brizna en el aire solivianta,

una perdida sombra es su acomodo.

 

La belleza y fealdad une y encanta,

más que amor es señor sabelotodo

que me empuja y me pesa como manta.

 

 

El amor

El amor nunca cabe en un pecho,

como fuego entusiasmado quiere ser,

llegar alegre al amado,

romperse contra los sueños,

estallar en los deseos, ocuparse por querer,

quiere cantar y está mudo de tantas palabras lleno,

gozar, libre, en el cielo, infinito del azul,

liquidarse como verso en la corriente de un río

de aguas frescas y tan limpias, donde todo es esplendor,

quiere soñar y despertarse, el alma para arrancarse

y volverse a diluir,

quiere ser para estarse,

del amado acompañarse para morirse o vivir,

es un sueño deseado que acaba de despertar,

alumbre no iluminado,

orillas del río Amar,

por eso, cuando rotundo, se llena todo su ser,

el amor parece ido asomado a la mirada,

se llena de la otra mirada

feliz por dejar de ser.

 

 

El corazón de los valientes

El hombre valiente conoce al mundo y sabe acariciarlo,

no lo modela a su antojo solamente lo cuida,

tiene detalles viriles llevándolo de su mano,

en la fiereza del monte en el profundo mar en el vacío de las estrellas,

un corazón valiente se me antoja sagrado

es el vínculo indetectable del hombre y la eternidad,

 así cuando muere ningún cobarde supo darle sepultura.

 

 

La ciudad escapada

La ciudad ha escapado por cada una de sus aceras,

se mueve libremente con aspecto dichoso,

miles de ríos le salen y confluyen sin confundirse,

están todos porque ninguno lo está,

si acaso alguno que hace tiempo perdió el norte

 y vaga queriendo ser mirado sin ser visto,

la ciudad se hace más grande sin ensanchar sus calles

se viste juvenil y ha crecido su altura,

no choca contra sí, solamente se diluye en el tiempo.

 

 

A mi musa

Yo escribo para amar y si me canso

reposo sobre el brazo del olvido,

 yo soy viejo rufián que no descanso,

corazón de niebla, de belleza huido,

te tengo para verte y contemplarte,

para mirarte tengo las dos varas que mido,

la una, exuberante, se vanagloria en tu arte,

la otra desperdicia un gran  amor vivido,

te quiero por gustar con elegancia,

para elegirte me entiendo el elegido

y no soy más que tú con más prestancia,

ligeramente anciano, encanecido.

 

 

Escribir ahora

Llega un momento que escribir no es un arte ni una profesión

ni siquiera aquello que fue otras veces,

escribir, ahora, es un ejercicio físico,

escribo para hacer músculos, levanto palabras,

busco la belleza en mi cuerpo de hombre,

como el viejo sabor a mar en el vientre de los peces,

es algo delicado, y al tiempo viril,

escribir me hace más fuerte.

 

 

Desnudez

Desnudo, de cintura para arriba,

arrimando el hombro a las cosas de la vida,

seguramente turbio en contadas horas

también opaco y si me apuran siniestro

madrugando en los mendrugos

suspirando en los suspiros,

montado sobre sí cuanto antes y con exceso

a veces transparente y otras veces callado

es pintura sacada a las primeras horas del día,

 un corazón fiel lo esculpe sordamente

nunca entiendo del todo que ese soy yo muchas veces.

 

 

El hombre de ahora

Quién diría que aquel niño rubio,

tan pálido y frágil sería luego el hombre delgado de hoy,

tan lleno de vitalidad, un campo hirsuto y fértil,

una palabra amable, llena de matices,

una profunda respiración azul cuando fumas

y todo el atlántico en un vaso de cristal si bebes,

multiplicas el oro de tus genitales,

engendras vida a cada paso a cada palabra,

verdaderamente haces felices a tus amigos.

 

 

La patera (dibujo de Torres Morenilla)

 

Espinos y alambradas

A los que murieron en las pateras

Erial del amor, noche de espinos,

mi corazón lastrado por doce caninos,

doce figuras dulces, llenas de alba,

doce manos abiertas de lirios y agua.

 


Miran tus ojos verdes ramos de estrellas

y es la corona al viento tu cabellera,

vistes vientos suaves y entre tus trenzas

caen cascadas de luces, gritos de sedas.

 


Ara de los vergeles, dame tu abrazo,

que quiero morirme pronto en tu regazo;

dame tus pechos y volaremos juntos,

 


llenándonos de la noche, como difuntos,

que el alba llegue y nos encuentre Aurora

fundidos en un cuerpo solo y un alma sola.

 

 

El puño apretado

¡ Oh silencio dame tu cristal denso de la verdad!

verdad dame las llamas claras de tu agua,

agua dame la virtud donosa que ama a todo lo viviente,

viviente dame tu luz ensoñada, tu atardecer agotado y luminoso,

luz dame tu cuento frito, tus parábolas del ojo ciego,

ceguedad escríbeme todos los nombres que has olvidado,

olvido déjame a tu hijo escalando por los riscos inaccesibles,

altura dame tu suelo para que se echen al vuelo mis sombras,

sombras acordaos que sois la dulce siega que mi siega os segó.

 

 

 N.Y.

Cuántos años pasé queriendo estar contigo,

tan ciudadano me hice que me olvidé tu mar,

yo hubiera paseado a la luz de tus puertos

y en las mullidas aguas te hablaría sordamente,

oh ciudad tan hermosa, tan grande y descuidada

de agrestes oficinas y aguas embotelladas,

tan cálida en verano, tan fría los inviernos,

de esquinas rebosantes y andares ligeros,

me hubiera serenado leyendo a tus escritores

con ellos yo tendría tu humano corazón,

de hormigón armado se elevan puros sueños

y en grandes cristaleras reluce nuevo el Sol,

cuántos años pasé amándote con furia,

con el deseo más blanco y el negro trabazón

de una luz proyectada que estremecía al mirarte

por un niño en el cine que en tus calles jugaba.

 

 

Cuando el ayer era una montaña

Quizás se lo debía, habida cuenta el tiempo que estuve con ella,

aunque tampoco estoy seguro de haberlo hecho bien,

había muchas más cosas, era enorme y yo solo un niño,

el humo del cigarro se escapa ahora de mí cachondeándose,

no es lo mejor que he escrito, tengo el arrepentimiento ante la obra,

se lo debía, ahora parece que es ella la que me lo debe,

el tiempo es maraña de cosas inservibles, mejor me callo,

en cierto modo yo era feliz entonces, también con ella,

he disfrutado su ritmo solemne y apabullante,

pero ya soy otra persona, ¿ debería ser el otro de entonces?

¿ seguir siendo yo sin perder ninguno de mis ápices, estar en la cumbre del todo?

esa obra es poca cosa y la posteridad un cuento chino,

la colilla del cigarro ahora apagada acaba todo su cachondeo,

 me preocupa ser con dignidad, disfrutar de mí,

me arrepiento de no haberme obsesionado conmigo,

ni ella, con toda su enorme grandeza, merece mi ensimismamiento.

 

 

Pocos son y ninguno lo es

de este mar profundo solo puede sacarse profundidad

que es un concepto, no alegoría, ni modo, ni sustancia,

tan solo la distancia enorme que puede suponer la muerte,

cuanto más adentremos el corazón del hombre más necios parecemos,

pues que todo hombre acaba de nacer ayer mismo

y lo sostiene el cuidadoso amor que lo lleva por los hombros,

el que juega con él por los paseos y le hace sonreír;

hombres, no es que no améis al hombre sino que no sabéis hacerlo,

amar es un principio equivalente, paradigmático, secuencial,

necesita corregir y ser corregido y sobre todo disfrutar,

solazarse en el amor es ser clemente con los hombres

y querer para todos ellos la gran felicidad,

que nadie tuerza el gesto ante cualquier hombre,

pues todo hombre es digno de ser amado si somos inteligentes.

 

 

El hombre que estuvo más cerca

Se acerca un hombre que me llega del olvido,

hace años lo olvidé en una tormenta,

su rostro no me mira ni yo lo miré nunca,

sus ojos son mis pensamientos, sus besos lo fueron míos,

me dejó un corazón que es de lo más discreto,

podría decirle, sin faltar a la verdad, no te conozco,

hemos vivido tan cerca que así es imposible conocernos,

dicen que en la piel del Sol uno se muere de frío,

cuando las lágrimas le cegaron parecíamos estar aún más cerca,

pero las celosas mujeres llegaron para destruir el embrujo,

habíamos edificado una casa que no la destruyera el viento.

 

 

Los días especiales

Tengo la sensación de que no volverán aquellos días especiales,

los días en los que pasaban cosas extraordinarias, no que fueran importantes,

cosas que ocurrían inesperadamente, las buenas cosas que nunca se esperan,

porque hace ya mucho tiempo que no tengo esos días especiales,

días para regalar a la gentes para las que yo escribo,

esas personas que son sensatas en los manicomios,

amantes en los infiernos, triunfadoras de la poesía aunque fracasen,

gentes que ha merecido la pena no conocerlas, pero intuirlas, pensarlas,

quizás viendo un personaje del teatro o de la televisión,

con las que me siento solidario, de la misma especie, del mismo ser.

 

 

El amante enfebrecido

Ay pajarillo alza tu vuelo, aléjate de mí

yo suelo amar y amar tanto

que no me canso de amar ni de mirar,

ser músico nunca me hubiera cansado,

tenerte conmigo en cada pensamiento

de sobar tu nombre enfebrecido

y de estar por ti y para ti a diario,

extiende tus bellas alas de un color excitante

y con el blanco purísimo de tu plumaje alza el vuelo,

no haya jaulas para un ser tan hermoso.

 

 

La voz que tiembla

La voz tiembla cuando estamos solos y el mundo nos acompaña,

este mundo acompañante qué difícil es ignorar y más saberlo,

la emoción es uno grande de los sentimientos, tiene voz de cantante

y el trémulo ser que un día nació de un vientre,

habita dentro del alma junto los triglicéridos y la testosterona,

también del corazón, la cuna andante de los sentimientos,

la voz te tiembla y yo me siento más unido a ti,

tienes tanta vida que me contagias tu fragilidad,

es el momento de gozarte, para luego olvidar del todo

que eres la belleza.

 

 

Los poemas olvidados

Esa voz que me habla es el yo que me habita,

un día cantó y hoy lo hace por otro,

cuesta dejar de ser el yo que hablaba ex cátedra,

desde el oscuro vértice de las palabras de otros,

llevamos sobre nosotros la otredad amurallada,

el auténtico ser apenas si tiene espacio entre la ley y el pueblo,

nos hace, nos deshace, nos lleva y nos trae en el desconocimiento;

por eso, al olvidar mis versos, me rescato doblemente,

tengo nuevo rostro, otra voz me desacostumbra, otro sentir,

también un dolor vago que no sé localizar exactamente,

el extraño picor que juega a equivocarme,

no me da vergüenza estar en la ingle de los pueblos

y que ellos me lleven hacia el amor o hacia el desagüe,

solamente el campo, los árboles, el río, me hacen libre

con su palma de la mano llena de arrugas,

la constante y cristalina seguridad de las piedras,

el sonoro vacío que dejan los vientos y los rayos,

mis poemas olvidados.

 

 

Nada más despertar

Al despertar del día volvemos a nacer,

podemos borrar en la noche los días anteriores,

son como frutos, algunos tan malos, que se deshacen

y van a parar con sus huesos y pieles a la basura,

cada día nos renovamos y cambiamos de nombre

ponemos el que más nos gusta, miramos

las mujeres que nos apetecen,

cada día morimos en nuestros brazos,

que no es cerrar, ni huir, ni cambiar, sino volvernos polvo,

el polvo enamorado de la libertad.

 

 

Ser por ser

Ser para no ser y no encontrar la dureza del no ser,

ser también, y es hora de decirlo, la quintaesencia:

el mundo maravilloso, hermoso del pensamiento,

un ruido azul turquesa entre los montes azules,

yo mismo en cuclillas

colgándome faroles y palabras agarrotadas,

el dulce olor a esencia derramada

la primavera frugal en las esquinas del alma,

corriendo por praderas dulcemente frescas,

al tuntún del silencio, a veces un zumbido,

hago proposición de mis partículas elementales,

la fosforescencia de la fotosíntesis,

hoy pensé en mi casa, la puerta,

al abrir, me abro, al entrar me entro,

cada habitación es mi cuerpo en decúbito supino,

siempre pasó algo atrevido y placentero,

la luna de los espejos reflejando mi ser,

¿ soy yo o no soy yo?, pienso en los libros...

 

 

Silenciosamente

Otra vez mañana me habré ido

esta vez para siempre, se quedará el paisaje,

los árboles cautivos, también las aves,

no me olvidaré los peces, sin peces no tengo amigos,

resonarán los aires golpeando las puertas,

es manía muy antigua el dejarlas abiertas,

se entonarán las nubes encendidas de rojos

y el sol tan rutilante te cegará los ojos

y yo ya me habré ido,

esta vez para siempre sin volver del olvido,

habrá días alegres que cantarán canciones,

las calles solitarias que amanecen tranquilas

y sonará en la fuente el agua que desperdicia,

todo será igual a como hubo sido,

repicarán campanas, se jugará en las escuelas,

los mares llenarán turistas y clientelas

por la ciudad encendida subirá su luz

tan blanco como el ocaso brillará el grisú

y yo me habré ido

y todos, bien con mal, desde la misma gente,

no quedará jamás ni rastro de ponerme,

tal como vine me fui, silencioso, sin ruido.

 

 

El goce de la vida

La vida sigue pisándonos el cuerpo

dejándonos sus pasos de huellas inhabitables,

largos caminos, salidas, bocacalles,

y el ancho mar, inmenso, intransitable,

la vida sigue con su dolor en el viento

saltando cumbres, esquinas, en las ciudades,

su espíritu fugaz, de hombres, acumulable,

se balancea y no la escucha nadie;

la vida escribe por el oído ajeno,

que no calibra y piensa mal si hace,

la que trabaja rudimentariamente,

la que nos lleva perdidos a sus finales,

oh vida escasa, fragancia de la rosa,

escrita en tablas y rota en sus murallas,

vida de paz conforme están las cosas,

tan bella es como pronto acaba.

 

 

Paradoja del doble ser único

Impensado mi otro yo se va conmigo

de mis ojos su vista es más alcance,

de su tiempo el amor imponderable,

al rigor de la verdad y de su abrigo,

otro ser, otro aire, el pensamiento

puro e inmarcesible vive dentro,

si por dentro yo manejo los detalles

él por fuera me dirige como nadie,

vino en mí mas por mí nunca me vino,

que ya contaba antes su presencia,

se hizo yo, mas pronto fue advertido

que no lo es en nada en esencia,

mi otro yo se insacula en mis manos,

sobre el cuerpo describe lo profundo

más que yo y siendo de este mundo

yo le dejo seguir mientras me acabo.

 

 

Rueda dentada que gira por el espacio

En la vida de un hombre un año equivale a otro año,

y todos los años juntos apenas son un año,

hemos pasado el tiempo tirando cosas arriba

que luego caen, impepinablemente, sobre nuestras cabezas,

cuando somos conscientes y radicales con nuestro ser somos felices,

porque vivir plenamente nosotros mismos es lo deleitable,

aseados, bien vestidos, decididos, constante el ejercicio físico,

no hay gozo mayor para el hombre que gozar su existencia,

y no permitir, jamás, que otros la mancillen con sus tonterías.

 

 

En aquellos tiempos

En aquel tiempo yo respiraba,

cosa que no era poco en aquellos tiempos opresores,

también comía y disfrutaba el sexo,

era un tiempo hermoso para mí,

fragante para mi flor nueva, para mi mente clara,

pasaban nubes, terrores, furor y fuego

y de aquellas cenizas saqué sonrisas,

lo que tampoco es poco reír ante los malos tiempos,

¿ habré aprendido la lección y no escucharé

a las negras nubes, los terrores y el furor del fuego?

¿ sabré solo quedarme con mis sonrisas,

con la fragante flor nueva de mi pensamiento?

¿ o tendré piedad de los malos, que me suele pasar,

y pondrán su bota sobre mi cabeza a la menor ocasión?

 

 

Sin hacer nada

Sin la palabra, tan solo con el cuerpo,

en la penumbra de la noche un día

me dí de bruces con la melancolía,

crucé mis dedos a modo de anticuerpo,

me cachis en la mar el mar está solo,

abruptamente verde como un olivo,

seguramente tiembla, de terror vivo

y solo con bramidos espanta el dolo,

sin la palabra, tan solo voy viviendo,

contando las partículas que me hacen,

el equilibro exacto, la paz que pacen,

mi solución es vivir hasta muriendo.

 

 

Un dios distinto

En aquellos tiempos yo era un hombre serio,

todas las gentes me parecían superficiales, algo estúpidas,

incapaces de estudiar completamente una teoría científica,

nada escrupulosos con la buena ciencia,

me decían que eran mis hermanos y yo no los quería ni como primos,

les gustaba el fútbol, las mujeres y hasta la fría cerveza,

menos mal que los tiempos cambiaron y me hicieron un estúpido más,

ahora todos me parecen sabios, lo cual también es sospechoso,

el espíritu del genio que nos habita y explica un poema de mil maneras,

el mismo que hace que en la paradoja la partícula sea y no sea al tiempo,

 me temo influya en mi ánimo y algo me quiera decir con sus intrigas,

porque es lo cierto que el mundo sigue con sus tonterías,

solo que yo echo de menos a mi antiguo hombre,

 sabía estudiar y nunca era superficial.

 

 

 Mínimo quantum posible

En aquellos tiempos había un dios que habitaba la tierra,

distinto, orondo, brillante como la piel de una manzana,

sabía distinguir el bien del mal y nos lo decía,

nos decía qué debíamos hacer para ser felices y lo creíamos,

en aquellos tiempos los hombres eran creyentes que es modo de ser sabios,

se peinaban al gusto de los dioses y caminaban con soltura,

cada hombre parecía el arquitecto del Partenón,

en cada hombre había la brillante disquisición del mínimo quantum possible,

conocíamos el remoto espacio de lo más pequeño, el peso del alma,

todo esto nos permitía soñar y crear nuestros propios dioses,

algunos austeros y otros no tanto,

en los hermosos cotos figuras mitológicas, de poca imaginación, vagaban etéreamente,

fueron tiempos magnánimos cuyos esqueletos aún permanecen

y en las dulces tardes, en los círculos de los vientos, se oyen como un murmullo,

 sus pechos nos descubren las mágicas mujeres.

 

 

La araña

En el viejo oscuro jardín las flores centellean

y placidamente se entregan a los juegos amorosos,

una fragancia inútil hace que la vida sea útil,

mejora los dorados brocados del jardín,

la dulce estancia se alfombra de cosas humildes,

una araña se pasea con cuidado, tened cuidado de ella.

 

 

Algo he hecho mal

Me ha bastado lo poco y aún lo mucho sobró,

no he sido hombre de elocuencias y grandes monumentos,

me basta la escasa biblioteca de un río

que baje cristalino casi pidiendo permiso

y no palabras y más palabras, los atracones de obras de arte,

algo he hecho mal cuando leo mis muchos poemarios,

todo lo mucho cansa y en mi caso hastía,

sobradamente sé que en la Naturaleza no hay sitio para la soberbia.

 

 

El poema instantáneo

Un poema breve nunca sale del corazón,

es una pizca, una centella, una estrella fugaz,

parece bellísimo, estremecedor, porque es veloz,

 enciende la luz en los párpados,

si yo me lo digo es como un beso átono que me doy,

también necesito besos, quizás sea lo único que necesite,

amarme enteramente, con todo mi cuerpo,

como si pasara los labios por mi pecho

y me diera un gusto seco que me divida en dos:

  a una parte estoy yo y amara a mi otra parte,

y el culo se me partiera de tanto amor.

 

 

Los dueños

Te visten y te desnudan,

todas las noches desnudan tu cuerpo

que orondo se estremece y se exalta,

todos los días te cubren el rostro,

como si la vida sintiera vergüenza de la desnudez,

y con sus palabras, todas las palabras,

taparan tus tetillas erizadas y tu respiración,

la vida siente reparos de las manos ávidas y las miradas a las ingles,

lo más importante es taparlo todo con las palabras

aunque las palabras sean el semen que eyaculó la noche.

 

 

La huerta ante mí siempre

Escribo para mí, cuánto te quiero,

las tardes tienen un campo rubio lleno de sol,

abajo el río, pequeño, medio oculto, de hábiles profundidades,

discurre buenamente defendiendo a sus peces,

los árboles se llenan de moradas ciruelas,

un humo quebrado sube y se desvanece,

escribo para ti, no me interrumpas,

pongo cara de sapo sabihondo, escucho atentamente

en la esquina del jardín el trajín de los hombres,

no quiero alargarte el poema, quiero que sea veraz,

 la verdad es una ofrenda fragante para la amada,

en este caso tú.

 

 

El teatro romano

En las gradas del teatro titilan las margaritas,

aquí estuvieron miles de gentes que oyeron estremecidas

las trágicas palabras de los autores clásicos,

la vida entonces tendría un mágico argumento,

los versos fueron el fundamento de una buena teoría,

en las gradas del teatro hoy titilan las margaritas,

el cielo se embellece y las palabras apenas si se leen escritas.

 

 

Los oscuros ríos

Cuando llega a la ciudad el río cambia de cara,

aún en lo farragoso del día atormentado ralentiza su cauce,

bajo el puente mira al pasajero que lo contempla

y se hunde levemente en la sombra de los arcos,

no precisa de Sol ni de viento, se la traen floja,

es un río ciudadano que ha conocido a miles de sinvergüenzas,

esos hombres que mienten desde niños y son unos golfos,

su filosofía es simple: no pasar dos veces por el mismo sitio,

tampoco ser transparente, en la ciudad está mal visto,

ni oler demasiado mal como huelen las acequias,

pero si alguna vez veis un pez en estos ríos ciudadanos

 contempláis a un héroe, con esto lo digo todo.

 

 

Espacio

 Oh espacio que me acoges en tus divinos brazos

y restituyes mi alma en mayestática esencia,

oh luces y penumbras acogedoras

tendidas sobre mí abriéndome al espacio,

oh silencio que me acompañas íntimamente,

más adherido que mis huesos, mi sostén.

 

 

Los ríos coronados

¿ Cuantos chinarros estarán río arriba,

entre las blandas hojas de las aguas del río,

pellizcados por pececitos que mordisquean sus vellosidades?

Nadie escribe la historia de los ríos, realmente, con paciencia,

yo sí, porque los amo y no les quito ojo,

me gustan los ríos, la languidez de sus aguas,

hasta el runruneo sobre la poza me suena insinuante,

los ríos son todos excelsos y merecen la corona de las hojas de sus árboles,

están llenos de la fragante cultura, la que siendo de todos nunca es vulgar.

 

 

Resultado de imagen de Ciudad alemana destruida en la guerra DResde

La nueva ciudad

  Ciudad en rectas proyectada,

ventana que nadie abre muro borrado,

campos y más campos, lluvia de cristales rotos,

 ciudad amontonada donde se pasean los cadáveres

que acumula rincones y cubos paralepípedos,

ciudad proyectada en volúmenes discordes,

ojos que nos miran, bocas que nos tragan,

polvos y más polvos, gentes famélicas, abrigos rotos,

sin un solo mural digno de verse, con borrones y manchas,

pisoteada por los cielos, meada por los perros,

su música es el canto agudo de las sirenas,

que nunca duerme del todo y nunca se levanta,

de ladrillos podridos y de caras pálidas

oh ciudad que siempre vive en barrios extremos

y se baña en los oscuros socavones que la socavan,

 que es un grito anónimo de macetas no regadas,

con bares que se hunden en la oscura soledad

y campos improvisados del fútbol por chiquillos

que se entregan al juego como a un deber inconcluso,

ciudad parada, en medio de los campos,

la pobreza se exhibe, las grietas no se tapan,

 también la paz destruye la ciudad hasta con saña.

 

 

Las oscuras iglesias

En las oscuras iglesias los oscuros rincones rezan oscuramente,

el polvo de los siglos desenterró a sus muertos

y una oscura fragancia es salvífica oración,

por esos rincones muestro mi dolor profundo,

la caricia que el viento nunca acarició,

los rostros que se fueron, las risas que se perdieron,

los momentos atentos que prestaron atención,

cuando yo veo a un pobre andrajoso siempre lo pienso

nació un día, una madre lo tuvo en sus brazos, lo amamantó,

qué fácil es entonces que los oscuros rincones recen una oración

por los que se quedaron solos, tan solos como Dios.

 

 

La cultura

 Me gusta pararme ante las grandes cosas,

la naturaleza, y no lo digo por ser un lugar común,

siempre me asomé a su grandeza desde los altozanos,

ya fueran bosques, mares o tierra solo,

hablar con el mundo vital y único,

frente a lo inmenso y no esperar que me devuelva el pensamiento,

el pensamiento suele hablar consigo y contestarse,

ya sé que parece locura, pero es cierto que nos hablamos solos,

basta que ese mundo enfrente sea callado y sea tan grande

que subir y contemplarlo sea un acto de cultura.

 

 

La herida

Tengo una zanja en mi corazón,

tanto tiempo la llevo que no me doy ni cuenta,

seguramente llora en mis horas ocultas,

lamento de una fiera o de una constelación,

es una llaga luminosa que enciende la oscuridad,

la llama fría que me quema como el fuego,

tengo un dolor hondo que ni le pongo nombre,

me parte el pecho en dos y no me alivia,

seguramente una mano asesina me dio un tajo,

otra mano asesina podría meter en ella sus cinco dedos

y tocar el piano sobre mis pálidas costillas.

 

 

Ante el espejo (Dibujo de José Mª Torres Morenilla)

 

El espejo

Yo me miro en el espejo y el espejo me mira,

 me regala el infinito,

  la luz proyectada que vive tras las cosas,

el inmenso tiempo que contiene el instante,

si le acerco mi aliento se le nublan los ojos

 hasta el espejo me ama.

 

 

La caricia

La caricia es la grafía del corazón en las antenas de los insectos,

 la sublime cultura.

 

 

La cabeza de cristal

Cuando los asesinos se enamoraron  la muerte fue de cristal,

una cabeza de cuarzo que gira mayestática entre los rayos sólidos

que muestra el gran vacío de toda cabeza hueca,

crisálida del mundo rueda por otros mundos,

los visionarios telescopios la tomaron por una estrella

pero solo es un lamento de la cristalizada materia,

gira mayestática con todas las constelaciones,

ni el frío la entumece ni el calor la acojona,

luego, derramada, más valiosa que el oro, se hace agua

 yo la bebo, la bebo insustancial por mi sueño atormentado

 hasta que mis entrañas gritan por el dolor de sus pinchos.

 

 

Homero

Siéntate en mí,

dame las hundidas perlas de tu no mirada.

 

 

El hombre

He crecido sabiendo día a día que soy pequeño,

entre las grandes casas de enorme edificios,

las carreteras altas sobre los curvos puentes,

la enormidad me cubre con su abismo a mis pies,

hasta las mismas gentes me hacen más pequeño,

he crecido hacia abajo, el gran mundo redondo

 desde los cielos gira, me hace aún más pequeño, disminuye mi ser:

se crece cuando sabes que nunca serás grande

y es inútil el empeño, se crece al revés.

 

 

Poema de amor

Soy inmaduro pero contigo maduro al instante,

crezco por donde más me gusta,

me hago un hombre duro como el pedernal

y al tiempo mi boca es un manjar líquido,

 saco reservas del aire y al instante me las bebo,

tu amor es insaciable a ciertas horas, que otras no,

soy tu soldado, chavalillo de los pantalones de punta,

que roza el cuello de tus piernas, y presumido,

creo que tú no te enteraste del todo,

somos como los amantes que nunca se enteran del todo.

 

 

El hombre que perdió su nombre

Hubo una vez un hombre, que no era muy hombre,

el pobrecillo quería pasar por ser hombre

pero nunca engañó a los maliciosos,

que torcían la mirada al nombrarlo

y nunca le hicieron un hueco en sus charlas,

ese hombre se murió como todos,

también aquellos que le escarmentaban,

y luego, cuando ya no hubo remedio,

desde el otro mundo santísimos doctos le dijeron:

fuiste tonto, los que te torturaban con saña

penaban en ti sus pecados ocultos,

digamos para terminar que las mañanas limpiaron sus heridas.

 

 

La ciudad

En una ciudad pasa de todo

pero como los buenos escritores todo lo cuenta fácil,

las gentes sufren, charlan y padecen en sus piernas,

las esquinas hacen de la vida una prostituta llevadera,

la ciudad es el poema insuperable,

millones y trillones de buenos versos,

cuando el sol pasa por ella, con discreción admirable,

hasta la lluvia se civiliza cuando llega a la ciudad,

me gusta la ciudad, me da en las ingles su baño de inteligencia,

me lo sube todo, hasta el coeficiente intelectual,

porque me deja pisarla y olerla y ser el que soy.

 

 

La ciudad

La ciudad es el museo de los poemas,

ningún poeta llega a ser nunca un gestor de poemas como lo es la ciudad,

nada escapa a los presentimientos en una ciudad tan grande,

detrás de los cristales escapan como lágrimas

que lloran luminosas en el frío cristal,

la estancia dibujada por las rectas de los muebles

en su techo hay una enorme calavera verde

que escupe un perfume sanguinolento de esta mañana mismo,

de un día negro y noches de cristal.

 

 

Mi amigo

Apuesto a un amigo,

y a un amigo sobre otro amigo,

amigo de amistad líquida,

de virtud sometida,

de campo inexplorado,

amigo tan ruin que me lo quita todo,

hasta los buenos pensamientos

y que se agacha y me ofrece

sus dos senos diminutos,

amigo de las virtudes incontroladas,

de los seráficos vientos

y de las noches luminosas,

de las jugosas palabras en el bar,

donde la soledad se echa un pulso

contra los suelos sucios,

tengo un amigo valentón

que opone su pecho bárbaramente,

y su barba escuece solo al mirarla,

mi amigo embraguetado,

padre de mi alma,

por las esquinas de mi corazón sentado,

con muchas tardes a cuestas

y muchas sombras penetradas.

 

 

La felicidad estalla sin avisar

He mirado al mundo como un espejo a veces rutilante,

otras entendía que me quedé solo en los días más tristes,

ahora pienso que la felicidad estalla por sí sola,

la vida es un yo multiplicado que exige neutralidad,

el fracaso de unos nunca dejó de ser también mi fracaso,

las heridas que me muestran me duelen en lo más hondo.

 

 

El Sol

 Escribo porque el Sol da en las paredes del cementerio

y me entristezco: la vida es efímera,

cualquier hombre merece vivir un poco más,

¿ De qué le vale al arrogante Sol ser tan poderoso

si todas sus criaturas acaban muertas?

Escribo, porque de pronto me brota la tristeza

y no es por mí, nunca me escribo a mí,

escribo para ti, súbitamente.

 

 

El respeto

Cada ser de este mundo es una constelación,

a veces titubeante como el insecto por el jardín,

el respeto se cartografía en la indiferencia y en la libertad,

respetar es no hacer lo innecesario ni gustar lo superfluo

para saborear el fracaso ajeno,

todo ser es centro de un universo y lo arrastra por el jardín,

solo el ojo sabio sabe romper el respeto con su mirada amorosa.

 

 

La vida es un baile

No se me olvida el baile de una música

que dentro de mí bailaba, de las palabras

que yo unía para ti y tú las desatabas.

Yo nací cantando y por cantar nací,

fue así como aprendí a querer

y fue pasito a pasito como aprendí a vivir,

para volverte a ver, para volver,

he de bailar un baile que la razón no vuela,

pues sólo el amor es capaz de unir

lo que en la larga vida siempre será mi espera.

 

 

El banco

Echo de menos la soledad de un banco

que se siente conmigo

y que descanse...

 

 

El arte de repartir

Alguna vez alguno dio su parte

y en parte por ser parte otra parte dio,

 no es del todo cierto que el que todo reparte

 reparta todo del todo si alguna parte dio,

 que en esto de partir parte con parte

no fue el todo la parte que alguna vez se dio,

 es más, y con razón lo digo, quien la dio,

 aún teniendo ante sí todo, de parte a parte,

 estando de su parte la mejor parte quedó.

 

 

Soledad es la raíz de todos los árboles

Si cuento mis amigos me cuento un cuento,

mis amigos no cuentan si mi patria huye,

un consejo de dar siempre fue de recibir,

plañideras me lloraron por surcos interminables,

sus rastros por los paseos de las fuentes hoy secas,

todo está solo en la soledad de las ciudades,

los gritos no gritan, las miradas no miran,

amarga es la estancia de los dioses desocupados,

oh plomo derretido en las calaveras sin nombre,

augusto paseo de cipreses por caminos empedrados,

las capas voladoras, a galope tendido,

 el duro sonido de los cascos acerca a un amigo,

la tarde se extiende como una esmeralda fulgente.

 

 

Mi río eres tú

Oh río por quien pasaste

tantos los años, tantas las gentes

y te llevaste tanto de aires, tanto de sol,

herida de agua bajaste por las riveras,

alegre tu paso hermoso con pies tan fríos

y el alboroto de tus piedras

tan sabio y lento y escurridizo,

río de tantos años y tantos pueblos,

sabio, silente, acompañando

por los resquicios, tierras labradas

y gran hartura entre las nubes

que dibujabas en días calmosos

y reventabas con juventud,

el río de todos, generaciones

te contemplaron, se animaron a hundirse en ti

y te bañaron sus carnes cálidas,

trémulas, alborotadas

y tan gozosas de tenerte a ti,

entre tus brazos, tan tiernos siempre

y tan fríos, del mismo amor

que abre caminos y se desviste

por tus senderos

 que has recorrido, desde siempre

mi río eres tú.

 

 

En tu pecho se mueve el Universo

En las ventanas de tu pecho se abre el universo,

son todos los astros juntos y ninguno lo es,

 el gran sol oculto y negro lo engendra,

sus días no son miles, ni son más, ni un solo día,

bellamente salen los astros y duramente son bellos,

corazones de piedra y gases en fuego se consumen,

giran impávidos nunca pueden huir, pues todo es contingente,

y tú, la más hermosa, ¿ te paseas triste en tu hermosura?

Abre tus pecho y siente fúlgidamente la caricia de su vuelo,

te besarán las tetillas los gruesos labios de tu amante

y brotarán de tu pecho como bulliciosos astros

los ágiles espeluznos del mejor de tus amantes.

 

 

El camino

El paseo se adentra imperceptible en mí,

por mi cuerpo camina como un compañero.

 

 

 Virilidad

Cada día que pasa soy más viril,

de niño apuntaba maneras, la defensa a mis hermanas,

era algo ínclito, que habitaba mis genes,

ahora, cuando la vejez para mí es también recia,

 hago mis ejercicios físicos a diario

y ordeno ascéticamente mi armario,

los trajes bien alineados, las camisas sin arrugas,

 visto y calzo solo cosas de hombre,

rechazo la ambigüedad en las formas y en el fondo,

lo viril es un paseo del alma en busca de lo honesto,

la verdad alimenta mi cerebro y mis músculos,

 tomo partido por la marcha a buen ritmo,

que es una manera de no traicionar a mis huesos.

 

 

 

 

Lo pasado no es ser

La misma suavidad que tiene hoy

forzosa es dureza inquebrantable

mirar el ayer pasado infranqueable

en la virtud en que viviendo estoy.

 

La misma senda y el alma me la doy,

quebrada estampa de un mundo insuperable,

será presente mas nada es inmutable

si está cargado de lo que en ser no soy.

 

Por mis dichas y amores irresolutos

por tanto azar cambiante entre las gentes

el universo dio partidos impolutos.

 

Mas radical y por seguir a los entes

de un lado a otro fui de fiesta a lutos,

para acabar en cosas intrascendentes.

 

 

Yo escribo al borde del abismo

Al límite de un hombre muy limitado,

en el infinito insaculo de la fosforada

y en la alta profundidad de una olla vacía,

escribo y me sale un rollo en el que me convierto,

me lío y doy vueltas sobre lo mismo

como esas mariquitas del jardín que se hacen pelotas,

mi gran sabiduría fue encerrarme en mí,

como si el mundo acabara mañana:

Oh muerte escribe en mí tus manos frías,

llévame a la frialdad total que habitan los astros,

a la oscuridad remota, al límite del ser,

para que entienda de una vez la violencia de los hombres.

 

 

¡ Oh hermosas ninfas, rescatadme!

Si ayer pasara por mi calle ni le hablara,

yo me iría a la otra acera al momento,

ayer fue un pasado cruento, mató mi alma,

y me dejó incruento,

si ayer me viera ni lo viera,

huiría de él como de un maldito,

me alejaría aún más lejos, al infinito,

que el ayer me matara y me doliera,

yo fui un niño feliz y desde entonces

se atravesó un borrico en mi vida,

me persiguió, me calumnió enseguida,

me quitó la moral e hizo incruento.

¿ Qué es un Ser que nunca fue temido,

que hasta los niños se sentían valientes al ofenderlo,

un judío sin raza, un sabio lento

paseando por un ayer que lo hizo incruento?

 

¡ Oh hermosas ninfas, rescatadme!

preguntadme por las esquinas si quiero vuestro amor,

donadme, todas vosotras sois para mí una flor,

con mucho quiero gozaros hasta hartarme.

Que el pasado se me muera, y el mundo alegre,

más ligero lo digiera, yo escupe lejos

y el ayer se me olvide para siempre.

 

 

Oh tú mi sol en campo en mí llevado,

aliento y alma en mi poesía escrito,

oh tú mi bien, excelso tan bendito,

dentro todo de mí, mi bien amado.

 

Tan grande como bello e inaudito,

portento en uno de la virtud has juntado

el oro que regalas en aro descrito

y el halo de armonía que te ha lanzado.

 

Oh sol que repetido haces historia

y traes y llevas por el campo atrevido

el trono de los dioses en tu gloria,

 

que a la Tierra llenas encendido

del calor que da vida en tu victoria

sobre las sombras, sobre la luz uncido.

 

 

El gran misterio soy yo mismo

Dentro o detrás de mí, en alguna parte

vive un ser de verdad que a veces siento

es mi yo y no es mi yo, parte en mí incruento,

que generosamente oculta su gran arte.

 

Mi yo sabe vivir sin mí y aunque reparte

su vida con la mía, no es Dios ni es mi cuento,

sino lo más completo de mí mi aliento

que de verdad me hace entero y me comparte.

 

Saber que yo no soy yo en adelante

parece como locura desatada,

pero es el misterio y lo importante.

 

El no saber de mí me da ganada

una vida, que oculta a un ser gigante

el que a ratos soy, y no es buscada.

 

 

El hombre que vino de la eternidad

Me refiero al hombre que vino de la eternidad para morir,

para gozar de una muerte incluso matemática,

para tener un ramillete de cosas buenas que solo tienen los mortales,

la libertad, la valentía, los días perdidos, el amor,

la astuta ignorancia que pasa por ser inocente.

 

 

Me conformo

Yo me conformo, si miro alrededor yo me conformo,

con ser como la rosa, que es efímera,

con soñar con las sombras,

con dormir por el día,

con recoger en mi frente

todo el frente dorado de la poesía,

con sembrar con mis pasos el triste paso de un hombre,

con mirar la belleza que a los grandes inspira,

con mirarte a los ojos, con oler tu perfume,

con oírte, reír, con callar, con morir, también,

que la vida me cansa y me da miedo perderte...

 

 

Tu cuerpo

Tu cuerpo lo recrea mi mirada, que te envuelve y se queda

totalmente acabada, que muero por mirarte y por sembrar mi fuego,

tu cuerpo lo mueves como un reloj oculto, cambiándole de horas y de mundos,

como un río que subiera a la montaña,

como una luz quemada que, en medio de la noche, se consume y me baña,

tienes el perfume de los bosques ancestrales,

llenados de malezas y de sublimes paisajes,

urdidos en las estepas y en los terrores viejos,

bajados a los ríos tranquilos, y a las rojas mesetas,

tu cuerpo es la soledad, la gran poesía hablada

la noche trasnochada, el lupanar, el delirio de mi mundo,

tanto querer estar, tanto quererte, que mis días ya no cuentan...

 

 

El amante de la luz

 Quiero pintarte el cuerpo con mis deseos

poner en el lugar de otro mi corazón,

besarte tierno sobre las espaldas

hundir sobre tu pecho mi idolátrica voz,

quiero quererte joven y como un negro potro

que al pronto se levante y encabrite las patas

amar frenéticamente, lo inquieto es el amor,

saborear tus besos sentir su empalago

que brille austeramente la luz en mi rincón,

sin despertar dormirme reposar en tu pecho,

y acompasadamente navegar como un soplo

en la blancura alada de nuestra juventud

por el momento breve que nos junta a los dos,

que luego, jubiloso, después de haber amado

sentir que he reposado y que he nacido nuevo,

brillar, ya sin deseos, como brilla la luz

en un ocaso leve tal como muere el sol.

 

 

Me gustas tú

Me gusta la consonante que no pesa,

la clara luz que escrita sigue clara,

me gusta verte, por una vez, en mi vida,

me gusta que me guste a quien yo gusto,

gústame de una vez por todas y al principio

este gusto que me sale inconocible,

esa crepitación del ser ese indecible

gusto de ser gozado  imperceptible,

me gustas tú, y es hora te lo diga,

como un jardín en medio de la tarde,

como un verso atorado que se sale,

como una noche errada de regustos,

y cuando esté de gusto resabiado,

con cara de partida moribundo

 que me guste la muerte y me guste mi olvido,

a la sazón mis versos derretidos

todos de un gusto amargo. Complacido.

 

 

Quiero que me nombres

 Quiero que te siembres en esta tarde,

 y que al posar tu cuerpo, sobre mí, desnudo,

sobre mi pecho escribas con tus uñas afiladas

el instante más puro.

Quiero que me nombres y que mi nombre suene,

que se llene la tarde de mi nombre, tuyo,

quiero unir mi deseo de amor a tu deseo,

que me tengas también, que estoy cansado,

y deseando recibirte al otro lado del mundo.

Quiero ponerme serio, grave, rudo,

dejar que mi barba te escueza y te arañe,

quiero notar la suavidad de tu piel,

quiero en ti como hembra desearme,

vaciarme del todo, que estoy acumulado, y de una vez, amarte y desamarte.

Me tienes paliativo, errático, trasunto,

me tienes fornicado, hurtado, moribundo,

estoy, por ti, levitado y cornudo,

pon tu pelo de seda, inconsistente y rubio,

sobre mi vientre, mi sexualidad y mis muslos.

 

 

Otoño

Esta dulce estación, benigna en una hora,

plácida la luz, del hombre su recuerdo,

este pasar al lado de la tierra

y sembrar con amor las paradas del tiempo,

me acerca a ti, pues estuve separado

y en lo más recóndito mío en ti me hallo,

yo soy el hombre tan simple y educado

tú eres la mar eterna de los versos;

yo soy el hombre que nunca ve las cosas

si no es con tiempo y cuando la vida cambia,

tú eres la dicha , el sol, la imagen ancha

de la divinidad total, incorrupta y el alma.

Por eso ahora, que vengo nuevamente

a respirar en ti el perfume de los bosques,

en ti hallo mi sol, en ti mi hombre

alegre por tu fuerza, mi día y mis noches.
 

 

Un hombre

Un hombre con todo lo que llevo,

con todo lo que soy aunque lo ignore,

con todo lo que quiero y no lo soy,

con todo lo que quise o me lo crea.

 

Un hombre para bien y para mal,

para seguirme a mí aunque me pierda,

cuando me acabe al fin, cuando me muera,

porque lo quiera así aún no lo sea.

 

Sin más pena ni gloria que el pecho ansía,

ni más ventura que ser o seguir siendo,

con la fortuna al revés, y aún perdiendo,

el hombre del que nací y al que voy.

 

Capaz de estremecerme con el llanto,

más si no es mío aunque por mí lo sea

capaz de cantar a otro y en el encanto

callar también si la palabra afrenta.

 

Saber que nada sé y esto sea mucho,

para vivir al cabo en consecuencia,

sentir que fui y aunque la muerte venga

mirar la vida con alegría interna.

 

¿ Soy yo así o no lo he sido nunca?

¿ mi yo nació enterrado entre mis músculos'

¿o soy aquel que aunque no lo entienda

prosiga y siga en la feroz contienda?

 

Descanse pues sobre mis versos ahíto,

parándose ante mí toda la enmienda

véngase la paz como postrera hacienda

y sea el que sea como mío lo crea.

 

 

Dejadme

Dejadme al fin cantar con la grandeza

que dentro de mí encuentro al mundo,

con la profunda verdad, con la llaneza

de amar y solo amar lo más profundo;

dejadme al fin soñar con mi poesía,

toda llena de música no frustrada,

relente de vivir, mi alma amada,

dejadme ser feliz, por solo un día;

yo quiero encontrar el ancho vuelo

que hacia dentro de mí hace lo grande,

mi corazón ya tiene alas, tiene el cielo,

es veraz y locuaz, que no se ablande;

yo quiero musitar con voz sentida

la exclamación más pura hacia lo bello,

quiero cantar con goce, me va en ello

haber sabido vivir en esta vida.

 

 

 Canción solitaria

Yo soy del coro de hombres que hablan solos,

que solos se pasean y solos van a dormir,

 tan solo estoy que hasta estarlo me da pereza,

mucho me pesa estar toda mi vida en mí,

a veces busco y escudriño de otro modo

por si aflorara un amor para mí,

mas pronto vuelvo a mi soledad cantada,

mejor estoy solo que mal acompañado, ¿ a que sí?

 

 

El amor se sienta en el dintel del jardín

Qué fragor tiene la herida de las flores

y mansedumbre de amor callado tienen,

la presencia inhabitable que sostienen

todo el profundo amor que al mundo ponen

y qué bella es la flor del pensamiento

esa que adorna las risas de las bellas,

que saca luz y belleza a las estrellas,

la que sostiene el poder del Universo,

¡ tengo una flor, por ti tengo un te quiero,

tengo una rosa blanca, guardada y dura,

tengo un perfume a sal, mi empuñadura

por ti se eleva al viento cuanto yo puedo!

 

 

El juglar

Yo no quiero cantar sino ponerme,

dejar mi sueño, mi sangre alborotada,

dejar mi carne, mi dolor, dejar mi entraña,

a mí dejarme hablando con el alma,

yo no quiero hacerme bello ni aún eterno,

sino fugaz en el tiempo y predecible,

quiero ser yo y como yo oírme

diciéndome verdades sin más trampa,

no quiero el ejercicio fortuito,

ni la voz quiero para acallar la vida,

quiero ser un torrente entre mentiras,

auténtico, veraz, el ser posible,

para cantar, por susurrar, callando,

entre mis versos habitarme silencioso

con el tiempo de ser un ser dichoso

sencillamente hablando, y conocible.

 

 

Tus lágrimas lloro

A mi padre

Tus lágrimas lloro y me atropellan,

tanto me amaste que aún muerto me amas,

tanto suspiraste por mí que un río de lágrimas sale,

la vereda se retuerce, los árboles se rebelan,

las viejas torres retroceden,

tanto me amaste que hasta mi amor se olvida

y por amarte llora, llora tus lágrimas,

desesperado lloro ante tu muerte.

 

 

 La chica de la foto

La chica de la foto parece aturdida,

quizás en otro tiempo fue mi inspiración,

la que me dio sus besos y olvidé en mi olvido,

 sus muslos serenos y su boca abundante,

sus abrazos calientes, su alegría y su sabor,

la chica de la foto es mi sola caricia

me regala frescura, sonrisa a mi dolor,

yo la paso en mi pecho y siento su delicia

y su honda mirada vive en mi interior

 me hace ser de nuevo saliendo de mis hombros

y se acuesta conmigo y duermo con su amor.

 

 

El error acierta cien veces

Estoy en uno de esos tiempos aniquiladores

tan poético como el inconsciente,

es un día sin fijos, prefijos, ni sufijos,

en el que la vida pasa por una calle cerrada,

en una ciudad cerrada, por un país del error

y en el que recuento mis equivocaciones,

que deben ser muchas según me pesa el alma,

estoy de puntillas ante el filo de la navaja,

quiero ser yo otro siendo yo mismo,

 suele pasar que el hombre razona mucho en la locura,

y lo hago desde la severidad del arrepentido,

aunque ciertamente y aunque parezca mentira

 acerté cuando erré.

 

 

La tierra que yo piso

Cuando la ando solo

me fluye y me confluye con el uso,

me usa en sus jardines y en sus paisajes,

los priscos, los apriscos, las veredas,

los surcos, los guijarros y sus valles

me tiene sobre el mundo anchamente

me lleva dulcemente en su canción,

me sube, me enaltece, me encabrita,

me brilla con su luz y buena sombra

me da la fresca paz de su delicia:

Redonda Tierra llenas a mis pasos,

 paras para mí tu vieja historia

y giras como un sol únicamente

llenándome los pechos de tu abrazo,

sagrada sacias tus labios en mi frente.

 

 

La fuente

Canta la fuente debajo como por dentro,

bebe el agua la fuente de su canción,

 brinca llena de espumas dando saltitos,

 revienta pompas de aire, a lo guasón,

suena a fuente nueva que parlotea

con sus burbujas blancas de gris latón,

brilla al sol y le guiña pícaramente,

 hace subir los ojos del lindo amor,

si me la miras tú, yo te lo miro,

 una fuente nos sale del corazón.

 

 

El único poema

Variopinto lugar lleno de escarcha

que en las salobres siembras sembró mi ruta,

buscando para hallar lo que trabaja

un día a otro cortar el dulce junco

y unir el desbarate de palabras:

aquí la arena seguida como el tiempo

cayendo siempre vaciándome el alma,

aquí rotunda la vida va seguida

en dulces notas se cae por la alambrada,

todo es voz y es gran fonema

hundido en mares de pleamar hundido

siguiendo el surco el único poema.

 

 

El orden

Admirad a los hombres que lo hacen perfecto,

cubiertas sus necesidades, sus polvos mágicos,

y sus móviles les suenan disciplinadamente,

admirad a los hombres que son admirables

tienen hijos y nietos y blandas almohadas,

zapatillas calientes y batas sin fatiga,

veranean en verano incluso en el invierno,

viajan en aviones, a ciudades remotas,

una canita al aire, un soplo sobre los ojos,

sus equipos triunfadores, sus botas relucientes,

admirad a los hombres de políticas perfectas,

siempre puestos al día, consecuentes, doctos,

fueron unos pajeros cuando debieron serlo,

votan inteligentes a los tontos progresistas,

en fin, reconozco que no soy del orden,

alguna vez hice las cosas bien, seguramente,

admirad a esos hombres aunque se hayan muerto.

R.I.P.

 

 

La memoria

Oh grandes olas del ayer que fermentáis

el grandísimo mar que muere dentro,

ay aguas oscuras e infecundas

que dentro de mí oscuro me hacéis.

En esto de vivir diariamente

lo vivo vive y lo que no no muere,

no es lo mismo estar alegre y confiado

que piar por un pasado que fue horrible.

 

 

La insoportable levedad del ser

Hay gentes que suelen dejarnos sus motos

otros sus pecadillos veniales

y los más su gran afición al fútbol,

quién me dejara a mí que estoy vagando de mí,

no me encuentro cuando estiro mis brazos,

cuando corro y el viento se hace espeso,

me da en el rostro como otros rostro,

me palpa las manos con su dureza,

pretendo volar, estoy como una moto,

en aquellos días los días amanecían radiantes

y mi mente no dejaba de pensar, chun, chun,

chum, chum, qué buenas maneras de ser bueno,

la tranquilidad me la dio tener un lugar en el mundo.

 

 

Poco y nada o mucho al mocho,

Poco, nada y mucho al mocho,

debo conformarme con ser el que soy

y seguir siéndolo, que es no dejar de ser,

en la vida nos acostumbramos a vivir en los otros,

a mirar para arriba si ellos dicen arriba

o a dejar de ser, o no haber sido nunca, si nos ignoran,

pero nunca somos más ni menos que ser solamente,

por esto yo sigo escribiendo sin ponerme nota

y cuando me la puse siempre debió ser alta,

es mi mundo, mi necesidad de ser, mi substancia,

algo tan invariable conmigo como mi sangre,

 a los otros puede manchar pero a mí me da la vida,

si yo dejo de escribir los truenos y los relámpagos

la música escandalosa ocuparía su sitio.

 

 

Madrigal a Madrid

Arroyo que a pedregales viste de oros,

patria entre montañas, luces intactas,

voces que en los pájaros suenan a flautas,

campos de romerales, agua muy clara,

olmos sobre las sombras de sus riberas,

aires sutiles y frescos entre sus jaras,

castillo que las edades no han rebajado,

nubes que en sus alturas se hacen más blancas.

 

 

Ay flor, que en mis brazos te sientas

campo rubio y orondo de un jardín que celeste

encaprichas mi alma y a mi alma sostienes,

Ay luz, repentina, de la carne tan solo

de mi carne completa que de mi te viniste,

y allegaste tan pronto y me hiciste feliz.

 

 

A mi niño

Se me ha perdido un niño en la noche,

se me ha perdido la noche de ser un niño,

por las estrellas se oye su vocecita,

su voz me llena de estrellas y de alegría,

me llama en los jardines y en las calles,

llamo a un niño que es mío y nadie lo sabe,

se esconde entre sus risas y sus miradas,

tiene cara de ángel entre sus dos alas.

 

Si me oyen hablar, como en sueños, a mi hijo,

que no me despierte nadie, que no se ha ido.

 

 

El albañil

Hago una casa de adobe, con salivilla y con barro,

unto en las mamparas y fijo bien los marcos,

mezclo con la arena y embadurno las paredes,

subo por las fachadas y las piernas de las mujeres,

llego hasta un buen día en que luce el sol,

el sol todo me lo apaga con su gran esplendor,

rasco en los recodos y mido bien los codos,

de todos los albañiles soy el más sordo.

 

 

Sobre todo la nada

En medio de la nada quiero ponerme,

de nada quiero hacerme en medio mío,

quiero poner por medio mi tronío,

quiero quedarme en nada por tenerme.

No ser más de lo que nada soy,

ni estar de más dentro de mí en poco,

no tenerme nunca más por quien no soy,

ni quererme más de más aunque sea poco,

sino cambiar en todo y en cada parte,

en llevar desde ahora, como un espejo,

por delante de lo mío antes lo anejo

sin querer ser yo más ni con más arte.

La nada me pesa con dolor insufrible,

ser nada es para mí como la muerte,

mi carga más pesada, es ver sin verte,

lo peor de mi todo, in asumible.

Pero es paz también y es mucho fruto,

salir al campo y recibir caricias,

las primeras del sol que son delicias

que el universo acerca impoluto,

luego del campo y de la hermosa tierra,

de tanta flor sacada a lo estéril,

buscar a la mujer aunque sea esméril,

delicia es tanta como de sierra;

quedan pues muchas las cosas y los hombres,

que todo sea un lugar lleno de asombro,

asómbreme pues hombro con hombro

de lo mucho que son todos sus nombres,

y con lo poco,

que lo poco también es, si con grandeza,

pasar desapercibido, una proeza

que buscan los animalejos por no ser presa,

 lleguemos pues a nada, sin pereza.

 

Todo es vida y la vida ayuda

a vivir que es lo mejor de todo,

a respirar la vida y al acomodo

de las cosas sencillas, sin más duda.

 

 

El agua

Dame la claridad del agua y su sino de cristal,

su llanto que sin pena pasa y su alma de metal,

dame los alambres que enredan los versos del más allá,

las palabras, los recuerdos, su sencillez elemental,

que no huele, que no piensa, y que sabe a la verdad,

dame el agua somnolienta que no deja de soñar,

que canta entre veredas y no la calla ni el mar,

que susurra como amiga y no se cansa de amar,

que se levanta sin ruidos y que llueve sin parar,

que todo lo ocupa y entra y se desborda en la paz,

mansa como una cordera, violenta como el vendaval,

dame el agua y su tormenta, es la misma eternidad.

 

 

Matar a un ruiseñor

Se cayó el pajarillo,

la tierra rezuma una oscura tristeza

de un día sin Sol aunque lo esté,

y de las horas que se secan en la oficina.

 

Se cayó el cantor,

el silencio puso veredas en la mirada,

y una oración en la boca traidora

que a la inocencia pudo llamar pecado.

 

 

La vida

La vida que me enseña amar, tan bella,

que tan profunda exhala lo mejor,

la vida se ha cruzado cual centella

 y me ha dejado en el alféizar una flor.

 

Yo bebo el elixir de su locura,

 de su dorado néctar la belleza,

me embriaga amor con su delicadeza,

 prendado quedo della y su hermosura.

 

Quiero cantar al sol de mis amores,

a la patria ardiente de mis pasiones,

quiero encender en mí unas canciones

alegres, luminosas, de colores.

 

Estoy enamorado, ¡ ilusionado!

 me gusta esta vida y su premura,

para acabar del todo, bien amado,

en su fuente luminosa de agua tan pura.

 

 

La noche desvelada

Mi corazón volando en dulce compañía,

las horas pasa y su dolor atenúa,

la noche cubre con silencio la alegría

y su sopor de sombras al sueño lo adecua;

no paso, sin pasar de un modo a otro,

ni miro, pues mirar sería imposible,

al callado vivir sereno me acomodo

y al tiempo que discurre en lo indecible;

la dulce compañía es mi desvelo,

su nombre es nada y para mí lo es todo;

mi corazón es modo de llamar a lo que quiero,

volar es para mí leerlo solo;

cualquier poema empieza, de repente,

y al poco para y la razón se ofusca

si luego sigue, de manera indeleble,

cambiará de rumbos en otras rutas;

mas es igual, del mal lo menos,

pues si digo a veces cosas sin sentido

las leo después como un preciado nuevo

que habla más lo ajeno que lo mío;

¡ ay noche tan lunática y repetida!

que en las paradas horas me detienes,

pues parezco buscar en mí la vida

para encontrarla luego en lo de siempre;

este rostro de la nada es tan bello,

tan dulce y bueno parece al nuevo día

que es mi amigo del alma y son sus versos

su regalo precioso de poesía.
 

 

Aquello que me llamó

 

Me llama la inspiración:

¡ ya voy!, le contesto yo

 y entre vueltas y revueltas,

escribo lo que os escribo

que en nada es parecido,

de aquello que me llamó.


Si el poeta es muy grande,

no tan grande el escritor,

incapaz de expresarse,

con maestría y donaire,

sin salirse del guión,

de aquello que me llamó.


Pero en raras ocasiones

gana más el escritor

al cantar con belleza,

sin utilizar la fuerza,

la perfecta evocación,

de aquello que me llamó.
 

 

Poema al agua

Grata y sonora amiga que acompañas,

que vienes alta y morirás profunda,

hermosa levedad de la montaña,

que cantas clara y con tersura juntas,

madre de madreselvas y de juncos,

delantal de los musgos y los helechos,

aromática y tan fresca en tus pechos

para beber de ti en lo más puro,

por tus veredas el aire se humedece,

 lo llenas de fragancia inmaculada,

grata es tu voz que de la piedra arranca

la sinfónica unidad que nos sostiene,

hermana de la luna, prima del cielo,

bondadosa regadora de los campos,

semilla abierta, errática en tus lechos,

fecundas tierras con virginales pasos,

mi boca te ha besado, en ti he bebido,

el corazón tuyo del astro diste,

el alma para cantar con que naciste

llenó todo mi amor en ti seguido,

natural es tu enseña y es tu surco

de sequedad el mar que has conquistado,

viajera inquebrantable, lo ha llenado

 tu esencia en luna de tu espejo pulcro.

 

 

Últimos poemas incorporados: Madrid, septiembre 17, 2021

                                                                                                

***

 

 

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Pintura "Orestes Pursued by the Furies" of William-Adolphe Bouguereau (1825-1905) 

Pintura " Los borrachos" de Velázquez

Fotografía mía del Parque de Atenas de Madrid

Música " Y apago la luz" de Miguel Gallardo

Música Mauro de María Piano Works Vol.3 en " La música de los Bosques"

Música de Francisco Tárrega (1852-1909) - Recuerdos de la Alhambra por Narciso Yepes, en el poema Agua

Música de Salvador Bacarisse (1898-1963) - Romanza del concertino para guitarra y orquesta, en el poema España

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