LOS POEMAS DE LA ALHAMBRA

 

 

 

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( La Alhambra, de Torres Morenilla)

 

 LOS POEMAS DE GRANADA

 

 

de

 

 

 

José María Torres Morenilla


 

 

 

 

 

LOS POEMAS DE LA ALHAMBRA

 

 


Alhambra de Granada


Oh, flor de los mil colores,

átomo de los mil amores,

Oh, ruindad llena de gracia,

almena de la fragancia.

.

Reina del poderío,

fuente del amor mío,

paloma sin palomar,

Alhambra del bien amar.

.

Oh, reina más coronada,

carne de tierra encarnada,

en bosques oscuros encerrada,

soltada al cielo, soltada.

 

 

Subida a la Alhambra

 

Cómo llegar a ti, hermosa mía, tan alta,

tan soberana de ti, de ti tan llena,

como quedar en ti, tan perfumada,

tan antigua y tan noble, tan llena de Granada.

*
Me suenan a música los cantos de tus aves,

el ruido de los vientos que no mueven tus árboles;

en el frondoso bosque, el sol se multiplica,

y yo me hago más grande, embobado en belleza.

*

Cómo llegar a ti, hermosa mía, ocultada,

tan profunda en la altura, tan grande y arrobada,

tan antigua y tan noble, tan llena de Granada.

*

Nunca estuve más cerca del cielo, enamorado,

el tiempo entre tus torres apenas se detiene;

la ciudad te acompaña, parada en el abismo,

la palabra calla, tu belleza resplandece.

 

 

La ciudadela del monte

 

Alhambra, vergel de sombras, en el agua encantada,

con los oscuros olores de la tierra mojada

y los claros cristales de su alma intransitada,

paraíso escondido, en muchos siglos olvidada,

nacida desde lo mismo y que parece inventada,

cada día es más nueva, cada día es encontrada,

apostada frente al viento, defendida, amurallada,

con las grietas de los tiempos de la belleza parada,

que habla de las victorias y que fue la derrotada,

ora estrella, ora surco, ora arquitectura hilada,

fuente del espejo limpio, quieta luz, inmaculada,

serrana que señorea sobre la vega azulada,

con un alfanje invisible, en su mano levantada,

defensora de un tesoro vinculado a su Granada.

 

 

Sueños de la Alhambra
 

El hermoso zafiro de tus ojos,

las palmeras de tus torres y de tu piel,

el aire que has llenado de fragancias,

las ruideras de las aguas a tus pies.


Eres arroyo de sombras y de musgos,

eres el sueño enredado en el edén,

eres la ciudad más hermosa de este mundo,

eres el barro perfumado del ayer.
 

 

La fuente

 

Un poema es tu vaso de cristal,

una lluvia de tu agua enamorada,

sonrisas de la luna acristalada,

una de tus miradas más calladas.

 

 

Una postal de la Alhambra

 

La Alhambra, en ti montada la luz sube en la tierra,

con el aire de la nieve y tu serena grandeza;

como en volandas te llevan unos jardines de ensueño,

torreones son de oro, y del viento son espejo;

ay sierra, sobre Granada, bruñida en cincel de plata,

senos de color de estaño y luna de nácar pintada;

tan altos como las torres los cipreses te vigilan,

el agua se enreda y piensa y los rosales te miran;

colmena de tu colmenar, los techos de tus enjambres,

dorados como las mieles, tallados en cristal del aire;

como una copla alargada te echas sobre Granada,

ensangrentada de versos, con tus sombras perfumada.

 

 

El agua de la Alhambra

 

¡ Qué bien se oye y bien suena el agua de la Alhambra,

que nace entre azucenas y canta pronto una zambra!

Cuando cae mira al cielo,

cuando pasa, apenas pasa,

bajada por los senderos,

de barandillas y cauchiles,

pasamanos de labranzas,

cantos de su agua hermosa,

tan perfumada y descalza,

tan profunda y juguetona,

olvidada y encontrada,

al sol su rostro en las fuentes,

en blancos aljibes ocultada,

enmarañada en los bosques,

serenada en las estancias,

enfilada en los palacios,

por los montes encabritada,

como el sueño de sus ríos,

que, olvidados de ser ríos,

entre sus bosques quedaran.

 

 

Las voces de la Alhambra

 

He contado a todas, muchas, y entre ellas tú no estás,

oh silencio de cristal, alas del viento, miradas del pleamar,

la soledad se acompaña solo de la soledad,

¿ quién cerrará sus ventanas? ¿ quién sus ojos cerrará?,

entre los bosques, profunda, tu voz nunca sonará;

suben sobre las cuestas, perfumadas de arrayán,

los olvidos que se han muerto, heridos por el leviatán,

con tarascadas de vientos y sombras de la vanidad;

he contado a todas, muchas, y entre ellas tú no estás,

la grandeza de la Alhambra es también tu soledad,

oh silencio tan capital que llega desde la ciudad,

los olvidos y los desprecios en tu alma de cristal,

la soledad que es tan tuya, en tu Alhambra quedará,

entre los bosques, profunda, tu voz nunca sonará,

¿ quién cerrará sus ventanas? ¿quién sus ojos cerrará?.

 

 

El patio
 

Una fuente me suena y es poesía,

reguerillo de un amor que está sonando,

chapoteo de palabras y de sueños

enredados en las lunas del mosaico.


Canta su agua ligera, entre los mirtos,

entre las verdes sombras sube su canto,

claridad del sol y de las aguas,

chorrillos de un amor que está cantando.


Le perfuman los cipreses y los arrayanes,

le dan carne los barros de los patios,

y los arcos prendidos de la arcilla

le sostienen primorosos alabastros.


Patio tan andaluz, cortado al cielo,

suspiro de un amor que han desterrado,

por la amplia geometría de la belleza

su mirada de tristeza se ha quedado.

 

 

El Rey que regresa

 

Suenan las chirimías, con ampulosos ropajes,

la Alhambra espera a su Rey que viene para quedarse;

amplias plazas, mesas puestas, tapices grandes de amaños

y en la torre de la Vela,

con el frenesí amoroso,

vuela fijo su estandarte;

el aire flamea los rostros llenados de la alegría,

el sol ocupa su trono

y borra la melancolía.

Un ejército de alcázares

hace la guardia de honor,

tan duros como sus alfanjes,

oscuros como el pavor;

el agua  se excita y salta

en chorros de puro ardor

y cae ruidosa con gotas

que se rompen en clamor.

Cañón de gloria,

por las anchas avenidas,

sube que sube la historia

ceñida sobre el honor.

A fin de cuentas

lo que con sueños se hizo

no lo deshacen los tiempos

y vuelve sin previo aviso

a servir a su señor.

Que la Alhambra lo esperaba,

engalanada de orgullo,

como una reina sentada,

alta y digna, colofón

de su reino de Granada.

 

 

Por un beso regalado

 

Para un amor regalado todo lo tengo dispuesto,

muralla soy de la luz, de la sombra soy el espejo;

como el ave adormecida que espera echar el vuelo

te espero todos mis días que amanecen como nuevos;

parapeto soy del sol; del tiempo soy su reflejo:

un día de más se me escapa y otro regresa de nuevo.

Aquí estoy, aquí plantada, esperándote de nuevo,

para el día que regreses todo lo tengo dispuesto.

 

 

Uno que se fue

 

Uno que se fue, no vino más,

dónde estará,

que lo espero celosa,

que lo busco cada día,

que no hay momento del alma

que no me ocupe su vida,

¿se acordará?

¿recordará que lo quise

con más amor que deseo,

que no deseé otra cosa

que verlo y nada más verlo?

¿regresará?

pasan los días seguidos

unidos a mi cadena,

el aire se llena de pozos

donde se ahogan mis penas

¿ volverá?

 

 

Mentiras de la luna

 

Me mintió la luna con sus pasos oscuros,

su mirada tan blanca y su cielo azul,

me mintió cuando verde me llenó de jardines,

de sonidos de pájaros, de las flores que puebla,

el olor de sus campos y su bella quietud,

me mintió cuando puso en sus grises ventanas

las mañanas rellenas de dulcísima luz,

y cuando en la penumbra de calladas esperas,

entre soliloquios y cipreses que eleva,

por paseos encumbrados de su alto acimut,

tuve entre mis manos su tacto de rosa,

y me dijo a los labios mi amor eres tú.

 

 

El corazón se enamora como loco

 

Del aire, en la razón, en Granada traspuesta,

llevo una corola hecha de tu esencia sutil,

eres la primavera, del cielo la tormenta,

el ruido de los rayos y el silencio gentil;

eres, de no sé dónde, el amor que me has dado,

y regalas, hermosa, solo con tu vivir,

los cielos estrellados que ensimisman y me llenan,

la plácida caricia del viento más gracíl,

eres mi noche oscura que atravieso sin miedo,

que de mí se traspasa a tu grande corazón,

los días sin escarcha, la mañana más clara

 haces alegre y alivias todo a mi alrededor.

 

 

También eres tú

 

También eres tú, también me dejas algo de melancolía,

también siento que te vas y regresas cada día;

también me eres querido y te espero alborozada,

te canta mi agua sinuosa, con cristales y con palabras;

me perfumo con la noche, su esencia pongo en mis pechos,

con besos ensayo tus goces, con flores alfombro mis lechos:

para ti, a ti regresa mi alma ilusionada,

he vagado un destierro que parecía sin mañana,

y espero que llegues hoy, te recibo alborozada,

contigo ensayé mis besos, me adorné con tus palabras.

 

 

De un amor gocé

 

De un amor gocé,

de otro aún no lo sé;

gocé encerrada

tras grandes muros y largas murallas;

le oía llegar en los cascos del caballo,

me regalaba perfumes y una flor en cada paso;

siempre gozoso y sonriente,

su mirada era una noche de luna resplandeciente;

me acurrucaba en poesías,

en su paraíso dormía;

con la Aurora despertaba,

sus besos desayunaba;

era un valiente guerrero

en mi amor siempre el primero;

de otros no quiero hablar,

ninguno me hizo llorar.

 

 

Los Palacios

 

Entre jardines de rosas, de rosas con otras flores,

sale cantando mi amor, entre las ramas y el viento,

sale soñando mi amor, casi sin mi pensamiento,

como una flor, llenada de mil colores;

sale mi aliento, a plena luz, mis amores,

 pisando el barro del tiempo, volando mi sentimiento,

por verte, estarme y hablarte, con cantos de ruiseñores,

salen mis versos más hondos, para mí que los mejores

porque son del mismo amor que por tu amor mismo siento.

 

 

Hermosa tunante, para mí vestida

 

de alhajas primorosas, quemando mi corazón,

la luz que me da en los ojos

huele a campana callada y a esencia de limonero

para decir que me amas y para decirte te quiero

miles de estrellas azules adornan su corto velo,

con el agua de la fuente llora también el silencio,

suspendido del jardín a pocos metros del cielo,

yo te diría eres reina, mientras me mira tu espejo,

tu gozo es primordial se contempla solo al verlo,

en un rincón tan callado, quemando mi corazón,

la hermosa tunante vive entre placeres eternos.

 

 

La hurí de nieve

 

Blanca es mi piel, negros mis ojos,

en la Alhambra ancestral tengo mi lecho;

yo soy la constante y fiel hermana,

dueña del jardín de los anhelos;

por sinuosas veredas se llega hasta mis cuartos,

por otras puertas más falsas

se pierden los hombres falsos;

yo soy veraz, soy hermosa,

de belleza inigualable,

soy el tesoro oculto

de la Alhambra inmarchitable;

mi dueño es devoción,

mi súplica su amor eterno,

mi canto es de ruiseñores,

mi adorno las flores frías

que me perfuman los pechos;

yo soy la buena poesía

que susurran las canciones;

fuego y nieve, sol y sueño,

soy Granada, la que es Bella,

bajada del mismo cielo.

 

 

El Paseo de los Tristes

 

Coronada por el cielo y por la Alhambra, Granada resplandece,

ay ciudad blindada en sueños, tan triste como es alegre;

por abajo pasa un río, que se destrona cantando,

por encima paso yo de mi Granada borracho;

caminito de la nieve, oxidado por el tiempo,

el aire también pasea y se columpia a lo ancho;

¡ que tiemblen los avellanos y las fragantes campanas,

que se perfuma Granada con tristeza y esperanza!

 

 

El agua imparable

 

Sobre las siembras sonoras de la fuente

el agua en chorro salía melosamente,

como imitando el aceite;

diosa fortuna que no para de dar

 su alma misteriosa y cautiva del cristal;

 

había en la fuente, como parado en el tiempo,

 más cercano, un tiempo no terminado,

que nunca muere y nos mirara,

que no sonara y nos hablara, otro silencio,

de la fuente callada que no para de salir

y que, estancada, quedó redonda gozando su fluir, 

 

mientras al cielo miraban unos ojos en el verdín,

alguna flor, las notas limpias de un ruiseñor

y el siseo de las chicharras cocidas al sol;

 a contraluz, una ventana con arcos

de media punta, en la penumbra, pensaba...

 

 

La Alhambra y Granada

 

Alta, encumbrada,

alegre pero locuaz,

hermosamente callada,

sobre torres iluminada,

entre sombras enmarcada

subiendo roja los surcos

de la montaña acercada,

si ayer fue la atribulada,

hoy, serena, se enmascara

en el perfil de una reina,

hablo de la Alhambra

o hablo de Granada,

qué más da,

la una a la otra sirven

de plan o de coartada,

las dos son una en la plaza

y las dos nunca morirán.

 

 

El palacio borrado

 

Un palacio yo pinté

y en el agua lo borré;

tiene las ventanas abiertas

donde el alma sale presta;

los suelos de hermosos pasos

que sostienen mis abrazos;

el corazón desbordado,

donde cocino pecados;

gran estancia, anchas salas

y una sola es su mirada;

sube a tocar las nubes

y baja a oler tus perfumes;

el aire me lo menea

y la luz lo centellea;

le he puesto un solo nombre,

para que a ti solo nombre;

yo nunca lo dibujé

pero siempre lo habité.

 

 

Generalife
 

Alameda florida, parque sin dueño,

flores que al paraíso salen huyendo,

y un viento frío que de la Alhambra vino

a mi delirio.



Las palabras de cristal

 

Palabras de cristal, entre bosques guardadas,

mosaicos coloridos que brillan con el sol,

palabras tan mojadas por las fuentes más claras,

mensajes de poesía, de belleza y de amor;

palabras que se mueven como alas del viento

y se sientan complacidas en el mirador,

palabras que se dicen con aires rumorosos,

y se quedan por siempre en nuestro corazón;

que se suben alegres por murallas bermejas,

entre sombras bruñidas del luciente arrebol;

palabras musitadas en los siglos pasados,

que aún siguen tan vivas en el mundo interior;

en las salas que brillan con vistas a Granada

y en los techos jalonados de cielos con primor;

traen olores de tierras ganadas a la noche

y los chorros de agua de agradable son;

son palabras tan solo que se escapan del alma,

escritas con la música mejor de la oración.

 

 

El Cubo de la Alhambra

 

Con el corazón mojado la Alhambra me recibió,

bajo aplausos de las luces que se cuelan entre su árboles,

por un camino muy alto, empedrado en tierra oscura,

me prestó la galanura de sus bancales de mármol,

para tomarme un descanso.

Me dio de beber en su aljibe, en un vaso de cristal,

y bajo un sol de justicia, en una plaza redonda, me enseñó la ciudad:

y allí estaba Granada, la Granada inmortal, como subiendo, de blanco,

llenita de torres y de cármenes,

con sus casitas cuadradas y con sus montes de barro.

 

 

El Paseo de los Tristes

 

De la Sierra Nevada bajan el río con el viento,

clamores verdes en las copas y erizado sentimiento,

quisiera ser agua, roca, canción y hasta sufrimiento

para quedarme en tus sueños, para beberme tu aliento.

 

Caminito de los Tristes, la huella de mi Granada,

diamante oscuro en la noche de su Alhambra iluminada,

esmeraldas de sus bosques, en la altura entronizada,

con sabor a vino y poesía, de su belleza colmada.

 

Qué triste te miro ahora, tan lejos de tu Paseo,

el aire no trae tu nieve y solo tiene recuerdos,

pero dentro de mi alma nace de nuevo el deseo:

 podré llegarme hacia ti, ¡ qué alegre se hace el destierro!.

 

 

El duende de la Alhambra

 

En la Alhambra hay un duende y a veces más,

muchos más, Alhambra es palabra del más allá;

en sus torres poderosas, y en los mugrones del tiempo,

vasallaje de los moros, y en la belleza del reino;

en el aire regalado, mojado en fragancias frías,

en esos ruidos callados que suena su melodía;

en la luz que orea sus fuentes y en la oscuridad sellada,

en grietas pintadas de rojo y de verdes engalanadas;

en las flores y en las piedras, en los musgos y los helechos,

en torrenteras de nieve y en los fragantes barbechos,

en el agua que se aquieta y con todo el cielo sueña,

en la luz que multiplica y levanta una palmera;

La Alhambra se asoma a verte sobre la misma Granada,

destino de fuego y nieve, en la eternidad montada.

 

 

Los Arrayanes

 

Jardín azul,

 llenado todo de luz;

 en un palacio tan blanco

como de nieve su manto;

con arcos y pedrerías

y moradas letanías;

quietud de los mismos cielos

y la luna por sombrero;

perfumado de alacranes

menudos de los arrayanes;

y la música callada

que siempre suena en Granada.

*

Salón y trono,

 inmemorial desmedida;

alfombra de agua y de cielo,

de simétrica armonía;

torre de oro ensamblada,

pared por el aire unida,

capitán de los tercios de Flandes,

morisca sala escondida,

el suelo se hace de agua,

 la serenidad se encautiva.

*

Desde lejos os ve un ciprés

que se quedó siempre fuera

por querer ser un marqués;

con música se engalana

la simétrica armonía,

empeño es de los hombres

 olvidarse de la vida;

que si canta es porque sueña

y en su sueño desbarata

una cultura postiza

envuelta en papel de plata.

 

 

La Granada de siempre

 

No sé cuántas monedas me dio el mundo

para cambiar verte desde tus torres,

para llegar a la línea blanca de tu Sierra,

para mirarte, fría y oriental, en tus palmeras

y para desearte tan solo tierra:

 

Ay hermosura, que en mi alma dueles como todo lo que quiero,

que aún sigues en mí en el marco cuadrado de una foto,

con tu cielo bebido en la pureza azul de tu cristal tan denso

y las nubecillas que escapan como furtivas miradas de tus hijas jóvenes.

 

No sé cuánto me cuesta estar tan lejos de ti,

cuando me digo: mañana mismo vuelvo para quedarme siempre,

si antes no te has muerto o muero yo de no tenerte,

porque es imposible que la hermosura viva más que una vida

y eres la más hermosa siendo pequeña,

y dentro de ti eres inmensa, como tus bosques altos,

los bosques de la Alhambra que Dios Todopoderoso conserva intactos en mí.

 

No sé cuánto te di y qué me diste al nacer de ti,

pero si algo hay en mi vida que merezca la pena

es saberte tuyo desde el primer día,

desde el instante que el sol me llenó la cara con el esplendor de Granada.

 

 

Nunca lo sabe Granada

 

Nunca lo sabe Granada del todo,

hay que esforzarse, subir y subir,

subir y llenarse de sus bosques,

 distinguir los ruidos de los cantos,

las aguas alocadas de la locura del agua,

la sapiencia olorosa de las mil fragancias,

recibir el claro frescor de sus pechos

pero seguir subiendo,

hay que conquistarla a base de esfuerzo,

un día y otro, todos los días,

Granada vive arriba, nunca lo sabe del todo.

 

 

Las colinas del orbe
 

Sobre las altas colinas reposa la creación,

sobre la alta mirada sube la estancia,

mucho más alta,

vuela la imaginación sobre la recreación,

queda el alma serena, llena de amor,

mucho más alta

descansa la vida plena y luminosa ensueña

al gran universo que el universo ensancha...

mucho más alta,

a tu belleza, su gran belleza gana,

sobre las altas colinas, otra es más alta.

 

 


 


 POEMAS DE GRANADA Y DE LA ALHAMBRA

 

 

Granada


A ti, que has susurrado una canción que aún se oye

esta alma mía, por tus profundas aguas arrullada.

A ti, que como madre persistes en tus tierras rojas,

como madre me abriste tus verdes faldas.


¡Oh luz, la más hermosa, que yo pusiera en tus oscuras sienes!

¡Oh palabra, más completa, que mi voz te cantara!

Perdida en la belleza, un cruel abismo

se ha abierto conmigo,

la distancia del sinsentido de ti me ha alejado;

una blasfema copla que entre los dientes derrama

la oscura taberna en tus pechos perfumados.

 

 

Las palabras

 

Cedo mi corazón, aquella parte oculta

que nunca ha sido mía ni busca mis disculpas,

cedo el amor glorioso, mis días pensativos,

los pasos transparentes por la Granada eterna;

abundo en mi tristeza, que es nada mía,

en dos ríos profundos de aguas marginadas,

debajo de mis palabras, en ella fue mi vida,

el descanso inhábil encuentra la belleza,.

paso por un mundo, tan sólo voy de paso,

por una ciudad oculta, vestida de silencio,

en bosques amurallada.


 

Recuerdos de Granada y sus músicos

 

En horas blancas, por laderas que suben,

vuelan amorosos en el jardín sus rostros,

la débil lluvia como cálida escarcha

dibuja en el paisaje sus recuerdos rotos;

la belleza, que es nube más antigua del cielo,

en halo de poesía viste de oro las cumbres,

acerca los arbolillos cargados de esbeltez

y deshace sus nombres haciéndoles de nubes;

entre las verjas rotas de los cercanos cármenes,

los rostros embellecidos resuenan como música,

las lágrimas calladas no paran de caer

y traban jeroglíficos sobre veladas musas;

lloran sobre el gozo del circunspecto ciprés,

sobre los montes morenos al resguardo de la luz,

están entre nosotros, con sus perdidas presencias ,

bambolean en los cielos, desteñidos de azur.

 

 

Romancillo

 

Por la Vega de Granada

pugnaba un corzo a una corza,

en senderos de esmeraldas

sacaron su corazón,

un corazón encendido

de rubís y de sus lágrimas,

con flores blancas de escarchas

 y de nieve su fragancia;

el Genil, cauce de un río

 que nunca se va de allí,

con paciencia los miraba,

 también recapacitaba,

con suspiros de Boabdil,

para el amor, se decía,

no hay mejor cosa en el mundo

 que quedarse en Granada,

para mirarla despacio,

 y amarla con frenesí.

 

Tu calle


En la hermosa calle granadina,

la luz está medio despierta, medio dormida,

paraíso son sus portales y son sus rejas,

tiene olores de campo y de las estrellas.

Por ti, en tu calle he recorrido,

un camino de silencios escondidos,

mi palabra se hace nueva y más cuidada,

mi camisa está más limpia y perfumada,

te dejaré, en mis versos, a plena luz del día,

aquello que más te guste que te diga.

 

 

Añoranza

 

Dentro de mí quedó un recuerdo,

una mirada quedó, en el olvido,

quedó perderme aquello que más quiero,

y no mirarte más como te admiro;

quedó una brisa rota entre las ramas

de un árbol del amor roto de espinos,

quedó una flor ajada de hojas blancas

secadas por un sol de rayos fríos;

quedó una ventana, siempre abierta,

de una luz muy antigua que he perdido,

un paisaje de ti frente a una puerta

del jardín que olvidé, pues siempre olvido.

Hoy, que apareces, de repente,

entre las vistas de las hojas de este libro,

te ven mis ojos, y mueren por beberte,

los mismos que tú amaste, en ese sitio.

 

 

El silencio

 

El silencio es la brisa que se escucha en Otoño,

que nos deja un reflejo de una mar interior,

las ideas, los recuerdos, los calores y los miedos,

el llegar a la nada de la oscura estación.

 

El silencio está denso, lleva siempre un lamento

de la tierra lejana que dijimos adiós,

tiene tacto de música, de melodía añorada,

de paisajes vividos con el mayor amor.

 

No desdeña ni olvida, ni del todo calló:

dejó que tu ribera se llenara de cosas,

que te complementaras en el mundo exterior.

Pero estuvo al acecho de volver cuanto antes,

de reemprender el camino de los versos utópicos,

la utopía nunca calla, es la inspiración.

 

 

Río Darro


Cuando el río baja por la Plaza Nueva
su sonido de agua tiene mucho de mí,
yo bajo por un río lleno de mis recuerdos,
la corriente de mis sueños,
con toda mi vida entera que he vivido para ti.
Eres lo más bello del mundo,
del instante supremo que me hizo feliz,
el discurrir sereno, que si del cielo baja
al cielo parece ir.
Y todos mis pensamientos,
mis secretos, mis temores,
la melodía misteriosa que baja del Albaicín,
yo la oigo discurrir por un río de plata y oro,
sus sonidos son mis sonidos, sus silencios mis silencios,
se me oye el pensamiento,
yo me oigo discurrir
sobre lo que yo te quiero y lo que me quieres a mí.

 

 

Evocación

 

Ah, memoria borra en mí su belleza jugosa,

pájaro no vueles, corta tus alas y cada día sea corto,

quiero soñar, quiero volver a verla en sueños

y que el sueño sea en mí una cortina oscura,

de su cielo mil veces estrellado y silencioso.
 

 

Tanto he escrito de ti, Granada,

que al final termino por devolverte todo:

jardines, paseos ocultos,

mis malos pensamientos por tus calles,

las miradas obscenas, a hurtadillas,

las bondades de tus gentes,

la blanca sierra y sus ríos,

la Alhambra que me embrujó

y me llamaba a diario

para subirme a su escote,

para mostrarme sus brillos

y las finas hojas de su vientre mojado,

te devuelvo tus montes

tan rojos como sangre de paloma

que huyen por tus cielos heridos,

te devuelvo la armonía, el vasallaje,

los paños de terciopelo de tu Catedral

y el señorío postinero del dinero

que los Católicos Reyes derrocharon en ti,

te devuelvo el sabor de tu agua insípida,

el paralelepípedo de Puerta Real,

los cauchiles y las navajas con brillo,

tus morcillas y tus morcillonas,

los limpios suelos del aire

y casi todo aquello que metiste

en mi cuerpo pequeño,

te devuelvo mi boca y sus dientecitos,

el guiño de mis ojos

cuando me daba el Sol

y aquella bonancible era

tan dulce entre tus brazos,

te lo devuelvo todo,

no me quedo con nada,

escribo y escribo, aunque nadie me lea,

y me quedo en paz conmigo mismo,

te lo debía, nací dándote las gracias.

 

 

Borges, poeta excelso

 

Alto, de la verdad suave fragancia,

lúcido, de incorregible lectura clásica,

voluntad de las estrellas, cielo profundo,

voz de la música, en su palabra, el iris,

sueño que en la razón aletea suave,

prodigio de la memoria su artesonado techo,

biblioteca del mundo, cuento erudito,

poeta de grandes signos por el paseo hablando,

en lo alto de la Alhambra, regalando su fuente,

como el ciprés excelso que el cielo desvanece.

 

 

Sierra Nevada

 

De tanto posar pintada

la Sierra se recostó

y aparece como echada

con una ala quebrada,

cayendo dormida al Sol;

 

tan cerca está de Granada,

sobre la Diputación,

que la nieve se derrama

y en fuente sonora acaba

tumbada también al Sol.

 

 

Calle de Ganivet

 

Ganivet, hermano, cojámonos de la mano

y vámonos a pasear, bajo los bajos arcanos

y los zumbidos lejanos, olor de fritos fritangos,

sobre todo por callar, cállense las columnas

de gruesos granitos romos, cállense los maromos

y las sombras del lugar, encendamos la arquería

de buena bellaquería, dispongámonos a soñar,

soñemos que somos reyes de un fantástico lugar,

tenemos palacios blancos, estanques y un lupanar

con hurís sentadas, blancas, con las rajas en su lugar

y el fresco aire que llega de la Sierra sin parar,

apretemos nuestros machos, en gruesos cordeles de oro,

tenemos un gran tesoro: qué bueno será soñar

alojados en las sombras del gran hotel de Meliá,

sirvamos un desayuno hecho de churros y de brisas

como huelen las cornisas de Plaza Nueva al llegar

y escondamos las miradas bajo calladas palabras,

sinuosas y secretas, tarascas del Leviatán,

a un paso de la Gran Vía, del cielo solo al llegar.

 

 

Lejos

 

No me arrulla la más hermosa con su voz suave,

ni me llena el pecho de sus estrellas ni de su aire.

No me levanta la trenza de su sierra nazarí,

ni su Alhambra la oculta, para mí;

 

que la llevo en mí y conmigo sale,

que entro en ella y estoy en cada calle,

 nunca sale del todo su presencia,

ella estará en mí y no más nadie;

 

amor que en las corrientes frescas por las laderas corre

y en sus manos se serena y en sus ojos brilla,

cuanto más cerca, más lejos,

cuando más extraña, amiga;

 

oscuridad encumbrada,

soledad ensoñada, para mi estar,

inmensidad, más que del mar,

alhamar de la nívea enramada,

negra oleada de paz, sombra iluminada,.

vaciada luna acabada,

para soñar.

 

Eres mi musa, la canción que suena,

que resuena en mi cielo,

eres mi música, la Granada perenne,

que maduras mi árbol y mi corazón enciendes.

 

 

Entre el Generalife y la Alhambra

 

Laberinto de cristal, surco de marfil y de brisas,

ojos circunstanciales, ambigüedades precisas,

torres de oro manchadas, bermellones de sonrisas,

 alfombras de pitiminí y sombras rojas en las cornisas,

el aire se llena de tiempo y se condensa en las grisas,

 mezclado con el albar de la nieve en sus repisas,

mientras los montes garrulos trotan con aguas sumisas,

suenan los bajos caudales que manan fuentes remisas,

y en barcarola los soles pintan los bosques de risas.

 

 

Los bosques de la Alhambra

 

En donde cantan las aves y guiñan verdes espejos,

suben los viejos gigantes, guardianes de los silencios,

desnudos entre malezas, vestidos solo del tiempo,

se amurallan de la luz, con esmeraldas en los pechos,

bosques de manjares rotos, cálices del entresueño,

duermen aires de grandeza y delirios de un destierro.

 

 

Canción a Granada

 

Te canto por encantado,

 muero de ti por nacido,

 suspiro por ser pirado,

y lejos vivo y no vivo;

soy, entre tus sombras, gozo gozado,

al pie de tus delicias, luz y sonido,

 rufián de tus largas noches y tu amante enfebrecido,

agua que corre y que grita;

la paz a tu paz unido;

la corona de los vientos

entre tus torres dormido;

 tú eres la más hermosa,

vino que siempre he bebido,

beso de nieve y de rosas

dolor que he gustado herido,

te miro y te miro a solas,

y muero cuanto más vivo.

 

 

¡ Qué bonita es Granada!

(coplilla)

 

Qué bonita es Granada, vista de frente,

con las casas abiertas y luz poniente;

 

con balcones volados de viejas tejas

y una niña que mira tras de las rejas,

 

en Otoño lluvioso y nubes bajas

cuando brillan sus ríos como navajas;

 

yo me quedo parado cuando la miro

y se escapa ¡ Granada! en mi suspiro...

 

 

No te canto, Granada

 

Que al cantar mía no pareces,

como si yo fuera extraño

y me embobaran lindeces,

como si no fueras mía

o yo no fuera el que es tuyo

en todo lo que te mira,

como si yo fuera al paso

cuando sigo tan distante,

y no estuvieras tú dentro

de mí para enamorarme,

 

no te canto,

que el cantar duro parece

te quiero como de aire,

como mi alma sacada,

llama de un fuego que muere

de amor que nunca se acaba,

te quiero con alegría

con dolor y hasta con muerte

me brotas como una fuente

de delirio y de poesía,

eres baúl de mis sueños,

cajita de maravillas,

vivo dándome un paseo,

entre tus sombras y tus calles,

en un paisaje de amor

que me mata por amarte.

 

 

Rosa de Granada

 

De Granada me vino la más hermosa,

era sombra de ríos, era una copla;

me cantaba sedosa con voz muy clara,

era rosa perdida, rosa encontrada;

me llevaba a la luna y a los luceros,

desde el amor mío a cuánto te quiero;

me tenía embobado, tonto perdido,

como se siembran los sueños sobre el rocío;

era rosa me dijo y de Granada,

y a la luz de la luna me robó el alma.

 


Río Darro

 

Cuando oigo el río Darro, en Plaza Nueva,

su poquillo de agua tiene mucho de mí,

yo bajo por el río quebrado de mis recuerdos

de una vida que no es vida si no te miro a ti.
 

 

Zalamería

 

Mi poema es piropo que te suelto a la cara,

que te digo valiente si solo lo escucho yo,

que no diría por vergüenza y estar tan enamorado,

óyelo cuando quieras, y ponle tu propia voz.

 

 

Yo camino sediento con mis pasos primeros

 por la Granada mía que me abrió el corazón,

por su tierra roja, por la roja arquería

de sus bellos palacios, de sus bosques umbríos,

en la callada siembra de su bello dolor.

Me duele el alma seguida a mis recuerdos

porque están enterrados dentro de mí en dos:

 uno que me lleva a un cielo enrojecido y muerto,

 y el otro, que es más mío, a lo que más soy yo.
 

 

Por los senderos

 

Por los senderos del corazón,

a mi Granada, me vengo yo,

me vengo por un sendero

que nadie supo jamás,

y cuando paso lo borro

y nadie nunca sabrá.

 


Canto a Granada


Granada, perla, señera,

en el brocal, bordada,

eres primera,

la joya de la corona,

belleza extrema,

sobre los montes subida,

sobre tu Vega.

Granada, la encontradiza,

quién te tuviera

asomándote a mis ojos,

que me embelesas,

que me llenas de tu aire,

que me aprietas

con tu cordura y tus sombras,

con tus pechos y tu silueta,

Granada, la hermosa perla,

en mi corazón bordada

con vida eterna.

 

 

Mi corazón


Te piensa, te reclama, se hace un nudo,

orgulloso de tu historia y de tu escudo:

oh fruto banal, en rubís montado,

con forma de corazón, herido en un costado;

por una herida así yo también muero

y entrego con dulzura lo que te quiero.

 

 

Albaicín

 

Las rosas enlazadas en las veredas oscuras,

las fuentes y los chinarros unidos en la canción,

los cielos amoratados, perdidos los horizontes,

hacia lejos, en el aire, se parte en dos:

dos pasos en los empedrados viejos,

sonando gritos callados colgados desde la cruz

y al pronto el mundo se abre

como un arco encendido,

aparece la Alhambra,

mullida entre sus bosques,

que con su abrazo rojo,

nos besa en el corazón;

ay la Granada blanca, la que se adorna con canas,

con arrullos de las brisas y roja y sangre su voz,

erizada por los cactus y por los viejos cipreses,

de sus plazas embozadas por una cautiva luz;

que se calla y anochece,

 que se viste por las cuevas y que se bebe mi olvido,

el silencio va rodado bajo su negro tul.
 

 

 

Aire


Aire de mi Granada,

que está perdido en mi alma,

que en mi boca duele,

cargado de doble pena,

de la soledad del pecho

que en mi corazón se entierra,

aire que me da y no queda,

que me nubla la mirada,

que me llena de las lágrimas,

que me embebe de añoranzas,

soltado está de mi alma,

tan lejos de mi Granada,

aire y soledad,

soledad tan mía,

que en el aire está.

 


La Patria

 

Patria mía que vencida y añorada,

primera es de todas en belleza,

enclave de mi amor y mi entereza,

soledad en la historia, amurallada.

 

De viejos reyes fue tierra deseada,

jamás fue conquistada su nobleza,

blandón de orgullo y de delicadeza,

tan a la vista está como ocultada.

 

Es tierra de ambrosía y de mil cuentos,

de la luna es sombra, del sol es dueña,

paraíso del que ama y del que sueña.
 

Jardín de amor, en flores sus cimientos,

 entre sus aguas van mis  sentimientos

de amarla y de vivirla, es mi enseña.

 

 

La fuente blanca

 

Unido para ti, en tu hermosura,

seré la fuente blanca que no cesa,

dentro de tu equilibrio y tu belleza,

no cesará de amarte, mi locura.

 

No cesaré de amarte, enteramente,

correrá sin parar mi agua pura,

te mirarás en mí, sin más hartura

que darte, en libertad, toda mi mente.

 

Soy de tu tierra y de tu barro rojo,

en cada poro mío eres amada,

  eres, más que mi cuna, mi deseada,

en ti pongo mi valor con todo arrojo.

 

 

Paripé

 

Mira si te canto bien,

que hasta el Darro y el Genil

cantan conmigo también,

te canto con voz redonda

llena de melancolía,

que suena como guitarra

de una cueva salida;

te canto por soleares

cuando subo por tus cuestas

y al bajar por los senderos

solo me quedan las medias;

te canto lleno de aire

que aspiro limpio y profundo,

como no te canta nadie

para que te cante el mundo;

te canto con ilusión,

recién sacado mi verso

con la premonición

de que mi canto es perfecto:

mira si soy presumido,

que por presumir de tierra,

para venir a este mundo

en Granada he nacido

y de Granada seré

todo el tiempo que me queda.

 

 

Santa María de la Alhambra

 

Ave María,

toda llena de blanco y de poesía,

torreón bajo las tejas de la alegría,

campanario de las estrellas, luz del día,

novicia recién togada en teología,

estandarte del guerrero de más valía,

madre de los recovecos y de las lejanías,

diosa que nunca pesa, voz de aljamía.

 

 

El Cristo de Granada

 

En la noche, con guirnaldas de la luz,

en la sombra adornada de farolas,

se pasea la imagen de Jesús

por un monte granado de amapolas.

 

Se oye el eco de dos ríos siempre avisos,

subsumidos, bajo tierra, en son constante,

el murmullo de la gente y más callantes

las hogueras que crepitan con delirio.

 

Se pasea la mirada de Jesús,

el perfil de su alma arrebatada,

la silueta de su imagen traspasada,

sobre el monte que ha cargado con su Cruz.

 

Que la mira Cristo y Granada crece,

ya no es sólo la belleza lo que canta

que es el Amor profundo el que levanta

la verdadera paz que la estremece.

 

El silencio rodado de Jesús

ha dejado en Granada un suave viento,

perfumado de retamas de su aliento,

y en las sombras de la noche solo su Cruz.

 

 

Sombras de Granada

 

Sembrada soledad sobre mi tierra echado,

recordaré las aguas que discurrían y jugaban,

al paso de las sombras teñidas en cantos muertos,

del sol, su único amante, entre las ramas preso.


Miraba entonces absorto aquellos días azules,

sobre la vega echados, con tristeza y cansino,

también los años jóvenes, si todavía lo entiendo,

de una mar tendida, movida en mis secretos.


Olores de mi patria que guardaré por siempre,

que perdurarán por siglos unidos a mis huesos,

y a las nubes calladas donde pasó el recuerdo

que llueve hoy y mañana con lo soñado crece.

 

 

Dale limosna, Granada

 

Una canción regalada

de una guitarra rasgada,

el corredor de tu agua

en arcos solemnizada,

algún limón

para llorar al beberte

y el frescor

que de la Alhambra viene dominador,

la luna también te pido

para mis noches morenas,

algo de la alquimia mágica

que embadurna a las parejas,

y el corazón

de rubís de tu Granada,

mi hermosa,

no te pido nada más,

que el mucho pedir ofende,

dame solo la limosna

 de algún perdido rincón

en donde yo pueda verte.

 

 

El arpa de Santal

Poemilla madrileño

( Santal es un arpista maravilloso que engalana la Plaza de Oriente de Madrid con su música callejera invisible)

 

Del arpa de Santal salen escalas

 de sus notas brillantes chispas de estrellas,

ríos de cristales de hermosas cabelleras,

danzas arcanas, vestidas de doncellas.

 

Juglar de la armonía al sol sacada,

de la música extrema, embellecida,

en su jaula de oro, fuente metida,

 gozan los dulces aires su alegoría.

 

Al viejo modo lo nuevo se renueva,

suena clara su luz de mediodía,

van castillos y prendas, nubes que irisan

sobre el azul radiante que al valle invitan.

 

Juglar de los picos oscuros y de las cumbres,

de los tiempos que vuelven de cielo intacto,

toca las hermosas claves, con pulso exacto,

consonante asentida, mundo encantado.

 

Bandera medieval, arcos de punta,

fuentecilla esmerada, claro escogido,

ojos de la amada, jardín uncido,

escudos de metal, lances de justas.

 

Los ruidos de la calle, sirenas oscuras,

forman guirnaldas grises sobre la acera,

por las cinturas del humo su música viajera

arrebata a la ciudad con notas puras.

 

Al lado de lo mío oigo un buen sueño,

con alas de cristales, del arte dueño;

al lado de lo mío suena otra vida,

que aún es más hermosa y mejor medida.

 

Ay, corazón calmoso, andando por la calle,

amiga de la música esta alma mía,

mirando al cielo, oyendo su armonía,

¡  qué bien suena el arpa callejera, nunca se calle!

 

 

Cuando duele amar

 

Se me suelta un  poema que viene sin palabras,

que no sabe lo que dice ni qué decir,

que habla por que habla,

que solo piensa en ti;

se me suelta un poema a modo de las lágrimas,

como el llanto y su pena, no lo sabe decir,

 en el cuerpo me duele y me duele en el alma,

 solo piensa en ti;

se me suelta un poema que es una plegaria

que digo entre los dientes, sin decir,

la rutina del cuerpo que desgrana palabras,

que solo piensa en ti;

se me suelta un poema dotado de la gracia,

que baila con la música, es un decir,

un poema que cambia el mal por su charanga,

y olvida que no olvida, que solo piensa en ti.

 

 

Me gusta

 

Me gusta contemplar la paloma en la fuente,

el pájaro que huye, los límites del mal,

me gusta arribar a lugares con sombras

y ver la luz que inunda la tierra sin parar;

me gusta estar sentado tan solo en la ribera

cuando los árboles vuelan, de pronto, sin volar,

me gusta ser veraz sin palabras siquiera

porque toda palabra es menos que verdad;

me gusta oír los ruidos de las aguas que suenan,

que bajan torrentosas con clámides de mar;

me gusta estar soñando, a media vela siempre,

y seguir con el sueño sin querer despertar;

me gusta estar contigo y ponerme más cerca,

y que plácidamente ocupes mi lugar,

me gusta ese calor que unes a mi cuerpo,

que juntemos los rostros y el beso que me das,

me gusta que ese beso no sea un cuento hermoso

sino lo más profundo de tu hervoroso amar.

 

¡ Me gustas, me gustas, cómo me gustas, lo que me gusta más!

 

 

 Poema al hombre, ahora que se le ataca

 

Un hombre, al fin, tan rudo de modales,

tan pronto en el requiebro y en la voz,

alzando con sus manos el aire también duro,

miradas de diamante, bajuras de tenor,

mi hombre hombre, teñido por la hombría,

por la palabra justa y por el desamor,

con su pecho cubierto de su osada manía

de hacer temblar las rosas tan llenas de pudor,

con brazos poderosos y poderosa frente,

voluntad de hierro, de prontos, de pavor,

seguro que mancilla lo femenino al diente

que en blandecidas fuentes manan alrededor,

hombre hombre, desde que fue un niño,

machote por los riscos del mariquita amor,

con pecho de un arcángel y recta su manía,

pureza de los montes, de lo viril clamor.

 

 

Llamadme con rocío


Cuando la doblada camisa se hunda en el armario

llamadme con un nombre repleto de rocío,

como una calle húmeda, con el olor de Otoño,

traed canastos llenos de piedras muy mojadas

y habladme con los musgos y rayos insonoros;

traedme un cuadro roto, plegado de lisuras,

y los periódicos viejos ¡con sus noticias nuevas!

para que toque el hombro de la ciudad que amé,

 podréis decir su nombre sin que me hagáis llorar.
 


El verdadero amor nunca nació en nosotros,

ni habló nuestro lenguaje, sino el contrario,

no nos sonrió, ni se gustó mirándonos,

no fue río, ni mar, ni calor, ni asombro,

el verdadero amor, como inexistente,

siempre estuvo de nuestro lado.

 

***


HAY UNA EDICIÓN BREVE DE 2013  DE LOS POEMAS DE LA ALHAMBRA ASÍ COMO EL POEMARIO PULSOS DE MI TIERRA

EN EDITORIAL MANDALA

 

 

(Vista de Sierra Nevada de Torres Morenilla)

 

 

 

 

 

CRÓNICA SELECCIONADA:

 

DiarioDigital Linares28

 

 

 

“Los poemas de la Alhambra”, de José María Torres Morenilla

por

Encarnación Sánchez Arenas

13 de Marzo de 2013

9788483527764
Los poemas de la Alhambra, de ediciones Mandala, es una obra de José María Torres Morenilla, que nació en Granada en 1945. Quince años después se traslada a Madrid. Desde que acabó la carrera de Derecho, ha dedicado a Granada todo su tiempo libre; por ello su pasión y nostalgia rezuman en todos sus poemas. Desde niño paseaba por la Alhambra y no dejaba de escribir. Pasados los años, Internet le dio la posibilidad de ir difundiendo su extensa obra, literaria y pictórica. Con los Poemas de la Alhambra, editados por primera vez, el autor decide pasar a la comunicación impresa con sus lectores: poesía que cabe en un bolsillo, pero desborda el corazón.

Los Poemas de la Alhambra serán un clásico en poco tiempo. Bastará con que su difusión impresa continúe el mismo ritmo con que son citados por guías turísticos, agencias de viaje, foros de Internet y estudiosos de Granada y su Alhambra. Este poemario no es localista ni folklórico, sino profundo y existencial, pues nombra con belleza y sencillez la esencia de la vida y de su entorno.

Dedicado a la Alhambra de Granada, a la torre bermeja, el Generalife, La Torre Rosa, Santa María de la Alhambra, la ciudadela del monte, las colinas del orbe, etcétera, pasa a un segundo capítulo del libro llamado “Los poemas de Granada” donde recrea al río Darro, sombras de Granada, el Cristo de Granada, etc., y por último, pasa a un tercer capítulo llamado “Pulsos de mi tierra” en el que nos habla del Realejo, El Campo del Príncipe, Calles de El Albaicín, la Abadía, Camino del Sacro Monte, etc.

En palabras de Alfonso Colodrón, que lleva a cabo el prólogo de este libro, hablar de José María Torres Morenilla implica introducir al poeta de la Alhambra, como le han llamado en foros de Internet y los turistas que acuden a Granada.

No hace falta ser granadino ni conocer la Alhambra. Basta con algo de sensibilidad, sentido común, filosofía profunda, necesidad de belleza o visión penetrante.

Un clásico lo es por su estilo, sus metáforas, su métrica, aunque solo el tiempo convierte a los poetas en clásicos. Es también sorprendentemente moderno. Utiliza voluntariamente lenguaje actual, a veces cacofónico, en ritmo y rima musical de notas átonas. Cumple siempre, sin defraudar la máxima de todo poema, de toda poesía: que empiece con belleza y acabe con sabiduría.

Con esta obra nos centramos en la Alhambra, Granada y la infancia, que el autor consigue aunar, integrar, unificar, contra toda previsión, circunstancia, viento y marea.

Hay poetas de la forma y poetas del Fondo. José María Torres Morenilla es un poeta filosófico, a base de observar, pensar, hacer sinapsis, sufrir y seguir viviendo con los ojos muy abiertos. Es necesario además, una enorme sensibilidad, una empatía por el entorno, personas, animales, plantas y cosas. Hasta ver la enorme belleza e importancia de un simple charco, de una cebolla, sus capas y su corazón des-capado.

Morenilla añora Granada. Es una añoranza de las entrañas y por ello su poesía le fluye visceral. Añoranza y pasión no son suficientes, no obstante, para que la vena poética cristalice en versos que perduren, lleguen al corazón y al alma. Es necesaria la visión pictórica –Morenilla es un excelente pintor y sus mejores cuadros se centran en su pasión por Granada y su Alhambra, ilustrando incluso la portada del libro con su pintura- , la profundidad de las tripas y el vuelo de la mirada.

Y es aquí donde los lectores pueden estar seguros de no hallarse ante un poeta folklórico y provinciano, sino ante un místico que se ignora, un alma grande que solo sale de su jaula a través de este darse generosamente en sus versos. Versos que tienen resonancias de Fray Luis de León, Góngora, Quevedo, Rubén Darío, Antonio Machado, García Lorca, Gerardo Diego y Antonio Gala, pero sin ser copia de ninguno de ellos; pues sin haberlo leído demasiado, también recuerda a veces al gran poeta estadounidense E.E. Cummings.

Y de fondo, siempre el amor. No solo por Granada, no solo por la Alhambra, no solo por el Darro, el Generalife o el Sacromonte. Sino el amor mismo sin objeto, o el amor de los enamorados que encuentran su cobijo, nido y escenario en esos paisajes añorados.

El itinerario métrico y rítmico de Los poemas de la Alhambra son un ejemplo de lectura y escritura para cualquier poeta que quiera escribir sobre su ciudad o pueblo natal y seguir el ejemplo de José María Torres Morenilla.

A continuación expongo tres poemas de este libro que me han llamado la atención por su rima monorrima, el titulado “Los bosques de la Alhambra” destaca por su rima monorrima asonante en e-o.

Santa María de la Alhambra
Ave María,
toda llena de blanco y de poesía,
torreón bajo las tejas de la alegría,
campanario de las estrellas, luz del día,
novicia recién togada en teología,
estandarte del guerrero de más valía,
madre de los recovecos y de las lejanías,
diosa que nunca pesa, voz de aljamía.

La ciudadela del monte
Alhambra, vergel de sombras, en el agua encantada,
con los oscuros olores de la tierra mojada
y los claros cristales de su alma intransitada,
paraíso escondido, en muchos siglos olvidada,
nacida desde lo mismo y que parece inventada,
cada día es más nueva, cada día es encontrada,
apostada frente al viento, defendida, amurallada,
con las grietas de los tiempos de la belleza parada,
que habla de las victorias y que fue la derrotada,
ora estrella, ora surco, ora arquitectura hilada,
fuente del espejo limpio, quieta luz, inmaculada,
serrana que señorea sobre la vega azulada,
con un alfanje invisible, en su mano levantada,
defensora de un tesoro vinculado a su Granada.

Los bosques de la Alhambra
En donde cantan las aves y guiñan verdes espejos,
suben los viejos gigantes, guardianes de los silencios,
desnudos entre malezas, vestidos solo del tiempo,
se amurallan de la luz, con esmeraldas en los pechos,
bosques de manjares rotos, cálices del entresueño,
duermen aires de grandeza y delirios de un destierro.

Enlace a este Diario Digital de Linares

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OTRAS OBRAS DEL AUTOR

 

RÍO DARRO, al encuentro de GRANADA

 

LOS ALEGRES DÍAS...GRANADA de 1966

 

 

 

 

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