La Caja
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Cuando Gregorio paseaba por el solitario parque
Vio a lo lejos, como a veinte metros, un bulto no del todo oscuro
Tenía formas rectas, luego no era un trapajo, ni tampoco un papel
Pero no supo lo que era sino cuando estuvo cerca
Una caja de cartón de color marrón, aparentemente intacta
Su primer impulso fue darle una patadita como cuando era niño
La caja no pesaba demasiado y se mantuvo intacta
No tenía cartel alguno ni palabras escritas, era hermética
Luego la cogió pero la soltó de inmediato con cierto repelús
La observaba con precaución por todos sus rectos lados
Alguien la había perdido, se cayó de una bicicleta, la dejaron
Su mente buscaba la causa y de este modo empezó su tormento
Resolutivamente cogió la caja para llevarla a su casa
¿ Qué podría contener si no pesaba demasiado?
Su corazón latía con decisión, con miedo y con prisa
En casa la puso en la mesa del comedor y le pareció más grande
Para qué cogerla se dijo, arrepentido, y no la abrió
Gregorio salía y venía a casa según su costumbre y la caja seguía allí
Por un lado querría desprenderse de ella sin saber su contenido
Pero más veces pensó que era valiosa porque pesaba algo
La caja lo contemplaba y empezó a pensar también
De este modo la caja adquirió poderes conforme pasaba el tiempo
Sentía ilusión cuando Gregorio hacía ruido al venir de la calle
Incluso llegó a poner nombre a su descubridor: Auticus
Se ponía triste cuando Auticus se iba de casa y ella oscurecía
Auticus vivía solo aunque hablaba mucho por teléfono
Y la caja supo muchas cosas de su descubridor, lo supo todo;
Lo sabía de él pero nada de ella, ella no sabía lo que guardaba
Como no hablaba- era un ser silente- no pudo decirle: ábreme.
Auticus que era un gran tímido, por timidez no abría la caja
Pero le gustaba, como a todo estudioso, imaginar lo que contendría
Aficionado a la ciencia llegó a suponer que la caja era un universo
Auticus no me dejes sola tanto tiempo que me da miedo de mí
No sé lo que contengo puedo ser hasta una bomba
Nunca la abrió. Un día puso a su lado otra caja de cartón
Contenía una araña de cristal comprada para el comedor
Ábrela, ábrela, le decía ilusionada y celosa al tiempo, casi daba saltitos
Pudo darlos de verdad porque la otra cayó al suelo
La araña se hizo añicos y Auticus quedó paralizado de pavor
No se atrevía a culparla para no llamarse a sí mismo loco
Pero si antes no la quiso abrir ahora no la abriría nunca
Era mala, su mundo era malo, la encontró para perderse
No solo no la abrió, jamás se atrevió a tocarla siquiera
Tampoco supo escuchar los lamentos de la caja enamorada
Auticus era su compañero, su pertenencia, su contenido externo
Érase una vez una caja que contenía un mundo externo.
Cuando Gregorio murió sus herederos abrieron la caja
Creían que ahí guardaba dinero y se llevaron un chasco:
Contenía atillos con cartas a su amada de un tal Auticus.
José María Torres Morenilla
Madrid, julio 27, 2026

©JOSÉ MARÍA TORRES MORENILLA