La   Caja

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

***

 

 

Cuando Gregorio paseaba por el solitario parque

Vio a lo lejos, como a veinte metros, un bulto no del todo oscuro

Tenía formas rectas, luego no era un trapajo, ni tampoco un papel

Pero no supo lo que era sino cuando estuvo cerca

Una caja de cartón de color marrón, aparentemente intacta

Su primer impulso fue darle una patadita como cuando era niño

La caja no pesaba demasiado y se mantuvo intacta

No tenía cartel alguno ni palabras escritas, era hermética

Luego la cogió pero la soltó de inmediato con cierto repelús

La observaba con precaución por todos sus rectos lados

Alguien la había perdido, se cayó de una bicicleta, la dejaron

Su mente buscaba la causa y de este modo empezó su tormento

Resolutivamente cogió la caja para llevarla a su casa

¿ Qué podría contener si no pesaba demasiado?

Su corazón latía con decisión, con miedo y con prisa

En casa la puso en la mesa del comedor y le pareció más grande

Para qué cogerla se dijo, arrepentido, y no la abrió

Gregorio salía y venía a casa según su costumbre y la caja seguía allí

Por un lado querría desprenderse de ella sin saber su contenido

Pero más veces pensó que era valiosa porque pesaba algo

La caja lo contemplaba y empezó a pensar también

De este modo la caja adquirió poderes conforme pasaba el tiempo

Sentía ilusión cuando Gregorio hacía ruido al venir de la calle

Incluso llegó a poner nombre a su descubridor: Auticus

Se ponía triste cuando Auticus se iba de casa y ella oscurecía

Auticus vivía solo aunque hablaba mucho por teléfono

Y la caja supo muchas cosas de su descubridor, lo supo todo;

Lo sabía de él pero nada de ella, ella no sabía lo que guardaba

Como no hablaba- era un ser silente- no pudo decirle: ábreme.

Auticus que era un gran tímido, por timidez no abría la caja

Pero le gustaba, como a todo estudioso, imaginar lo que contendría

Aficionado a la ciencia llegó a suponer que la caja era un universo

Auticus no me dejes sola tanto tiempo que me da miedo de mí

No sé lo que contengo puedo ser hasta una bomba

Nunca la abrió. Un día puso a su lado otra caja de cartón

Contenía una araña de cristal comprada para el comedor

Ábrela, ábrela, le decía ilusionada y celosa al tiempo, casi daba saltitos

Pudo darlos de verdad porque la otra cayó al suelo

La araña se hizo añicos y Auticus quedó paralizado de pavor

No se atrevía a culparla para no llamarse a sí mismo loco

Pero si antes no la quiso abrir ahora no la abriría nunca

Era mala, su mundo era malo, la encontró para perderse

No solo no la abrió, jamás se atrevió a tocarla siquiera

Tampoco supo escuchar los lamentos de la caja enamorada

Auticus era su compañero, su pertenencia, su contenido externo

Érase una vez una caja que contenía un mundo externo.

Cuando Gregorio murió sus herederos abrieron la caja

Creían que ahí guardaba dinero y se llevaron un chasco:

Contenía atillos con cartas a su amada de un tal Auticus.

 

 

 

 

José María Torres Morenilla

 

 

 

 Madrid, julio 27, 2026

 

 

 

 

 

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