EL CHE-MA

(1970)

 

José María Torres Morenilla

 

A Mari Pepa Zarala y a sus amigas.

 

I

 

Sobre miles de caballos recorred toda la geografía de la opresión;

y sobre los bosques y las nieves,

los mares y el desierto,

en el monte y el río,

sobre la luna y el volcán

vuestro revolucionario ejército implante

la maravillosa paz alegre de la verdad;

y vuestra sonrisa en el sol introducida,

por toda la sombra que anidó la vieja tristeza.

 

II

 

Y el olor de la rosa reviene a mi nuevamente

con el ruido gramatical del agua;

y el bullicio del bosque y el sol que en él se enreda,

en esta exploración de mi memoria

una paz revierte en cada sentimiento,

aleteo cristalino y perenne, de paciente oradeo

por cada paso en que se asienta.

Mientras todas las selvas reverdecen humanidad,

coloría que se enrojeció por un sol oriental

para un jardín permanentemente revolucionario.

Y sereno quedo dormido recordando

completamente alegre

miles de años que forzosamente han de ser.

 

III

Todas las noches las estrellas nacen

todas la noches el viento vuelve,

todas las noches,

solo,

solamente con todos y en todos

solo

todas las noches

todas las noches en el viento

todas las noches naciendo con las estrellas.

 

IV

Miedo: abismo que abre una página del libro

una vacilación de la memoria y el presente

en el presentimiento sorprendido del hado

bajo los ojos, en el infinito espacio de la boca,

y una falta absoluta de respiración.

 

Dudas sobre ti,

y miras nuevamente las cosas;

caes en el cero que te envuelve

y ya cada cosa es miedo que a devorarte viene

y a todo temes: temor.

 

V

Era rosa; no sé, cristal,

era fuente, pero

era una veredilla;

no tal vez fué un cielo azul y una mañana,

era paloma. Era

 

VI

 

Saber, sentir el roce del agua en la mano,

estar bajo el sol, sentir

el fino aleteo de la hoja al viento;

saber, sentir, las tierra en el paso;

coger entre cielo y nube un trozo de infinito

y dejarlo palpitante, reflejado en el espejo de una vida;

saber sonrisa en cada boca y beber llanto. Estar

así, Dios mío, vivo entre vivos, saber

que la palabra sigue eco tras eco

viajante con el viento al mar,

para volver nuevamente de otros labios también vivos;

y saber, sentir, el peso de nuestro corazón

alocadamente vivo, expectante,

tras cada sensación, alerta

ya siempre dispuesto a sentir, estar, saber;

y proseguir en el día

y todas las ncohes el alto y sereno aguijón de la estrella.

 

VII

 

Desamanece cielo por un latido de estrella

para un ancho camino tan azul;

alma desamanece por el río, solo queda

una cosa en todas las cosas: tú;

desamanece luna, enredando

una mortífera luz rondadora del cielo;

del vaporoso vahido de sus bestiales voces,

en una niebla de llantos, para tan solo un nombre.

 

Queda más; puede.

Y gritando desamanece

por una línea indeleblemente limpia,

horizonte ya lejano, por detrás de las espaldas

de todas las calles desamanecidas.

Para un relente de cansado sudor.

 

Cae alma, prístina de sueño, cae

por los intránsitos espacios solitarios

en donde quiebra el río el canto de una piedra antes muda;

cae cristal por los rincones donde las zarzas pinchan al viento,

como gélido polen de los espíritus altísimos,

para posarte en la carne de la rosa

y sobre ella palpitar de infinitos titileos

del sol herido, agonizante, lento.

¿Qué mal te hiciste a los dioses?

Pues has de caminar de puntillas en tu propia casa,

previendo temerosa, alma mía, tu propio eco

que habrán de traerte un mal día desamanecido

una corona de vacío con tantas hojas

como poemas compusiste al desamanecer de la alegría.

Aquel pasado turbio, vertiginosamente ebrio.

 

VIII

 

Sé cristal de la tarde,

sé agua de horizonte enrojecido;

flora sobre tierra;

sé mar, más de allá; ya mar, ser

de saber soplo sobre el rostro embebecido de una cualquier cosa;

sé sonrisa

que oscuramente acechan unos ojos

y muchos rostros vuelven sus cabezas para que no los vean;

y aquel poeta de finísima intuición

respetuosamente evade la mirada;

no seas de centro,

sino de fuera, afuera de las afueras,

tan próximamente fuera como nunca fuera

y he de arreciar nerviosamente por constreñir

una bocanada de humo,

la extenuación de un beso

o el sabor desparramado de un bocado de pan

 

IX

 

Pero hay algo más allá que ha de brillar,

si el resplandor rosadamente alumbra la mañana.

Despierta horizonte mientras gira en torno al vaso el humeante líquido

y de él beben rayos los poros de la tierra.

Más allá de un dolor de tragedia,

vacío espiritual do cristalizan temores,

debe de existir una profunda mirada

calibradora de inmortalidad y de fugas.

No duermen sus cabellos entrelazados con los rizos de las aguas;

ni siquiera en la sombra

cuando desamanecen los primeros piares;

que tersamente suspiran las hojas

verdes siempre y hieráticas.

 

Parecen dormir vuestros ojos,

parécenme dormidos y ensoñados,

paréceme tarde la mañana

para una desesperanza perdida.

Perdida de rosas y de verdad,

verdad silenciosa,

oscura y neciamente perseguida.

Mientras rebrotan tras de mí millones de sobrepujantes sonrisas, que a esta figura estática traen pequeñas, florecillas, recogidas de más allá de algo.

 

X

 

No mató el buitre la carne que come;

estaba ya muerta,

porque una mancha oscura la rodeaba constantemente,

acechando siempre en su torno.

Tan así que aceleró su muerte,

y caritativamente enfermó de salvaje desierto,

abandonó el agua y el amor...

y se ofreció generosa y fresca.

Y por vez primera supieron los buitres

a qué sabe la carne viva.

Tan de sorpresa les supo

que tuvieron que olvidar para seguir siendo buitres.

 

XI

 

Me han quitado tanto

que hasta el miedo me robaron;

y así dejado estoy libre.

Más libre aún, más inmenso

si hubieran sido capaces de quitarme la vida.

Pero no se atreven todavía, no les interesa, Dios,

no osan destapar sus vientres,

ni auscultar los mohosos corazones.

 

No osan alterar mi verso, aún...

 

A cambio tú me guardas un silencio de esperanza,

hasta que por quitarme me den a Tí,

y a Tí vaya, ya sin temor. Solo.

 

 

fin

 

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INEFABLE ESENCIA